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Semana Santa 2017

Una encrucijada en la Candelaria

La cofradía de San Nicolás vuelve a dejar claro que es una de las reinas del Martes Santo. La policía tuvo que abrir hueco para que pudieran llegar los músicos de las bandas

11 abr 2017 / 23:56 h - Actualizado: 12 abr 2017 / 00:30 h.
  • Una encrucijada en la Candelaria
    El palio de la Candelaria minutos después de cruzar el dintel de su parroquia de San Nicolás. / Fotos: Jesús Barrera
  • Una encrucijada en la Candelaria
    Nuestro Padre Jesús de la Salud, momentos después de su salida. / Jesús Barrera

Se preguntaba un sevillano camino de la parroquia de San Nicolás que de dónde era la Candelaria, de qué barrio. Argumentaba que podía ser de la Puerta de la Carne porque está a dos palmos de Santa María la Blanca; de la Judería porque se encuentra a tiro de piedra de Mármoles o Mateos Gago. También decía que podía ser de San Bartolomé, porque saliendo del templo y tirando a la izquierda se planta uno en un momento en Vidrio y en la plaza de las Mercedarias. Y también pensaba que podía ser de la Alfalfa porque está a dos pasos por detrás del templo.

Al final, la conclusión que sacó este sevillano y los amigos que se habían echado a la calle con él para comerse el caluroso Martes Santo fue que la Candelaria no tenía más remedio que ser de todos los barrios, que se encontraba en un cruce de caminos por el que pasan a diario cientos de personas, o puede que miles, para entrar o salir de la zona antiguamente amurallada.

Quizás sea esta una de las razones que hacen que la Candelaria despierte tantas devociones entre los sevillanos y los que no son sevillanos. El flujo de ciudadanos es constante por delante del templo y la paradita de rigor para saludarla, y su hijo el Señor de la Salud, aunque solo sea un par de minutos, es un gran semillero de la cofradía.

Y esto se notaba porque se hacía difícil acceder a las inmediaciones del templo desde un buen rato antes de la hora de la salida. Incluso los agentes de la Policía Nacional tuvieron que intervenir para que los miembros de las dos bandas de música pudiera llegar al templo. Al final, hubo que abrir hueco entre las dichosas vallas.

Y también se notaba porque los tramos de niños, con sus correspondientes orgullosas madres y padre tirando fotos continuamente, eran más que numerosos, y daban aún más color a un Martes Santo que ya no sabía que hacer para que pasara el tiempo y el Señor de la Salud cruzara el dintel de San Nicolás y estuviera ya de nuevo con los suyos.

Y lo hizo con la solemnidad de siempre, sin prisa y sin pausa bajo los sones de Viacrucis de Salud, la marcha que Francisco José Ortíz Morón y Nicolás Turienzo crearon para este nazareno de talla completa.

Y también se notaba porque cuando el palio de la Candelaria se movía dentro del templo para encarar la puerta la pequeña plazuela, encrucijada de barrios, enmudeció para que la Virgen fuera la única protagonista. Con ella ya en la calle, rompieron las lágrimas de los que están todos los días junto a Ella, proliferaron los abrazos de sus costaleros y los sevillanos ya sólo tuvieron que disfrutar con Ella durante varias horas. Fue un baño de multitudes. Ahí estaban sus miles devotos. Se notaba.


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