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Una procesión para la historia

Miles de fieles desbordan las calles del Rocío para acompañar a la «Reina y Madre de Andalucía» en un recorrido de más de ocho horas por las arenas después de que Almonte protagonizara uno de los saltos más tempraneros

08 sep 2018 / 08:06 h - Actualizado: 08 sep 2018 / 14:18 h.
  • Los almonteños han querido que la procesión extraordinaria de la Virgen del Rocío con motivo del Centenario de su Coronación Canónica haya dado comienzo alrededor de las 23:45 horas. / Fotos de Manuel Gómez
    Los almonteños han querido que la procesión extraordinaria de la Virgen del Rocío con motivo del Centenario de su Coronación Canónica haya dado comienzo alrededor de las 23:45 horas. / Fotos de Manuel Gómez
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Como nunca antes la vieron en vivo las generaciones presentes. Con las mismas galas de Reina que luciera aquella histórica jornada del 8 de junio de 1919, cuando el cardenal Almaraz, tocado con mitra episcopal y alba de lino blanco, se adentró entre los varales de su paso para imponerle la corona en el Real del Rocío. Sobre sus andas procesionales de cada lunes de Pentecostés, embellecidas para la ocasión con unas peculiares bambalinas en un logrado guiño estético a la iconografía más singular de la Virgen en aquellas procesiones de primeros del siglo XX. Sin Simpecados ante los que detenerse. Sin sotanas por las alturas que entonen las salves al ritmo lento que marca un abrir y cerrar de manos. Asomando su paso a los porches de las casas para celebrar con mecidas la caricia de una sevillanas... Algo más de ocho horas duró la procesión extraordinaria que ha protagonizado la madrugada de este sábado la Virgen del Rocío por las calles de su aldea para inaugurar –y de qué forma– las celebraciones del centenario de su coronación (1919-2019).

Se esperaba una salida de la Virgen al alba y una procesión enteramente bañada por el sol, pero Almonte no pudo reprimir sus ansias y protagonizó una de las salidas más tempraneras de la historia. Tanto es así que el salto de la reja acabó anticipándose un día a la fecha señalada: la Virgen salió el día 7. A las 23.43 horas, después de varios intentos sofocados a duras penas por los santeros, y cuando todavía la megafonía del santuario amplificaba la letanía de avemarías del Santo Rosario que a esa hora se celebraba en el Real del Rocío, los primeros almonteños lograban hollar el presbiterio y clavar sus hombros bajo los bancos y costeros del paso.

La tempranera hora del salto pilló por sorpresa a miles de romeros que, a esa hora, aún apuraban algún tentempié en las casas de la aldea y, más aún, a esos otros miles de rocieros que se vieron envueltos en retenciones kilométricas para llegar a una aldea repleta de carteles de «prohibido aparcar» y donde el estacionamiento público habilitado por el Ayuntamiento almonteño costaba 5 euros.

A las 23.50 horas, entre el estruendo y el colorido de un castillo de fuegos artificiales lanzado desde las azoteas del santuario, la Virgen se asomaba a la explanada de la marisma en medio de un extraordinario ambiente festivo al que sin duda contribuyó el engalanamiento exterior del santuario y de buena parte de las calles del recorrido procesional.

Para recibir ante su puerta a la que las sevillanas proclaman como «Reina y Madre de Andalucía», numerosas hermandades y particulares se afanaron en el embellecimiento de las fachadas de sus casas montando altares o desplegando colgaduras y juegos florales. En Triana tiraron la casa por la ventana instalando un gigantesco tapiz de flores en la embocadura de la capilla de su carreta, un mosaico de flor natural y seca, obra de Javier Grado, que reproducía el escudo antiguo de la hermandad diseñado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda. También la hermandad de Huelva montó un bello altar en su capilla y embelleció el callejón con colgaduras y pancartas, una de las cuales proclamaba las palabras pronunciadas por el cardenal Almaraz al imponer hace 100 años la corona a la Virgen: «Así como te coronamos en la tierra, merezcamos por tu intercesión, ser coronados en el Cielo». Coria recibió a la Virgen adornando su antigua carreta, con la firma de Marmolejo, que peregrinó al Rocío hasta 1998, mientras que en la casa de hermandad de Sanlúcar de Barrameda el cuidado montaje giró en torno a la nueva corona de los Hermanos Delgado que las filiales ofrendarán a la Virgen como regalo por el centenario de la coronación.

A las tres de la mañana, después de abandonar el Acebuchal, la silueta del paso de la Virgen se recorta ante la bombillas del letrero de Triana. Treinta y cinco minutos después, la Virgen es recibida ante la casa de las camaristas con fuegos de artificio. Sólo Carmen Rocío, la más joven, se sube a las andas para entonar la salve.

Las bambalinas que excepcionalmente luce el paso y que imprimen un inusitado brillo aúreo a la plata de sus andas despiertan numerosos elogios. «Yo se las dejaba así», comenta más de un romero.

Conscientes de estar viviendo un momento que ya forma parte de la historia del Rocío, son miles los rocieros que se arraciman en torno a la Virgen. La aldea está desbordada de gente y es difícil trabajar bajo las andas de la Virgen. «En Romería la gente se divide con los simpecados de sus hermandades, pero en días como hoy, donde está la Virgen, está la gente», refiere un almonteño con la cabellera bañada de sudor.

A las 4.40 la Virgen alcanza la casa de Gines, pero a partir de ese momento la procesión se ralentiza. En la calle Almonte se suceden las sevillanas y los fandangos. La Virgen se recrea. Son los momentos más íntimos de una procesión que acabó minutos antes de las ocho de la mañana, a las claritas del día, justo cuando muchos almonteños soñaban con su inicio.

UNA SALVE CORAL

Uno de los momentos más bellos de la madrugada se produjo al filo de las 3.50 horas, cuando el paso de la Virgen se enfrentó al monumento de la coronación en el Real del Rocío, escenario hace 100 años de la imposición de la corona a la Patrona de Almonte por el cardenal Almaraz. Bajo las seis esbeltas palmeras que abrigan este monumento, los integrantes de la Escuela de Tamborileros de la Hermandad Matriz, interpretaron con flauta y tamboril dos palos de las célebres sevillanas de la coronación compuestas por Muñoz y Pabón. Acto seguido, los jóvenes tamborileros de la Matriz desgranaron la Salve rociera de Manuel Pareja Obregón, composición que fue entonada a coro por el gentío allí presente. De llenar este momento de vítores a la Blanca Paloma se encargaron el párroco de Almonte, Francisco Jesús Martín Sirgo, y su vicario parroquial, José Antonio Calvo Millán, ambos de impecable sotana.


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