sábado, 24 junio 2017
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La Paz

Y la Paz, aun sin caballos, llevaba «otra alegría»

Ernesto Sanguino se estrena el Domingo de Ramos como capataz en el Porvenir y la banda Bendición y Esperanza del Polígono Sur sustituye al Escuadrón de Caballería

09 abr 2017 / 22:01 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 00:03 h.
  • Y la Paz, aun sin caballos, llevaba «otra alegría»
    El paso de palio de la Virgen de la Paz en la Puerta de Jerez. / Juan Raya
  • Y la Paz, aun sin caballos, llevaba «otra alegría»
    Ernesto Sanguino manda el palio en el momento de la salida. / R.A.
  • Y la Paz, aun sin caballos, llevaba «otra alegría»
    El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en la salida de la Paz. / R.A.
  • Y la Paz, aun sin caballos, llevaba «otra alegría»
    El pregonero de la Semana Santa 2017, Alberto García Reyes, en el atrio de la parroquia de San Sebastián. / R.A.
  • Y la Paz, aun sin caballos, llevaba «otra alegría»
    Un costalero posa con su hijo en los momentos previos a la salida de la cofradía. / R.A.

Y comenzó «este trajín» tras la «hora cumplida», la una de la tarde en la calle San Salvador. Allí estaba precisamente el que hace una semana decía esos versos de «déjeme paso, Sevilla, / quite de en medio este atril, / que esta guerra está vencida, / hay Paz en el Porvenir». Y hubo paz y después gloria, lo sabe bien Alberto García Reyes, quien coincidía con otro personaje ilustre de Sevilla, el ministro Zoido, que está dispuesto a disfrutar todo lo que pueda de su Semana Santa. Le cedieron el honor de llamar a los costaleros de la Virgen. Sabiéndose en una casa de origen castrense, el sevillano ministro no dudó en la dedicatoria: «Por España y por la paz».

Eso ocurría pasada la una y media de la tarde, con el astro rey estrellándose contra la blancura de la fachada de la iglesia y las túnicas de unos nazarenos que, al fin, superaban los dos millares en una cofradía que parece no tener freno. Nunca había habido tantas túnicas blancas surcando el barrio del Porvenir. Trescientas más han pasado este año, llegando a la cifra de 2.100.

Era día de alegrías en el enorme patio en el que forman los tramos de nazarenos y se reúnen las cuadrillas de costaleros. «Se nota otra alegría entre la gente», decía a este periódico uno de los que va debajo del palio. «Han podido entrar al fin muchos hermanos como costaleros que llevaban esperando hacía muchos años». La marcha del capataz Antonio Santiago se ha llevado consigo un buen número de costaleros, muchos veteranos, que han querido seguirlo.

Sanguino lanzaba a los legionarios del misterio una sentida dedicatoria por los atentados ocurridos en Egipto contra los cristianos coptos antes de la primera llamada: «Por los mártires cristianos, que son exterminados sólo por hacer lo mismo que nosotros: rezarle al moreno que lleváis ahí encima».

Otro de los estrenos humanos del cortejo lo conformaban los chavales de la banda Bendición y Esperanza del Polígono Sur. Media hora antes de la apertura del portón de San Sebastián habían remontado Río de la Plata con su Ya llega la Esperanza, levantando aún más el ánimo del numeroso público que esperaba la hora. Al preguntarle, Ainhoa, de 15 años, se pone firme, se le nota que lleva en lo alto una gran responsabilidad, y así lo declara: «Es una oportunidad muy grande para nosotros, un día muy importante». Es la primera vez que estos chicos procesionan durante toda la estación con una cofradía de Semana Santa. Se estrenaron el Viernes de Dolores en Torreblanca, a la que le tienen «muchísimo cariño», pero «esto es otra cosa». Bendición y Esperanza viene a sustituir al Escuadrón de Caballería que durante 22 años ha abierto el cortejo de la Paz, y cuya salida ha estado también envuelta en polémica.

Otra cosa, «otra alegría» se notaba al pasar el palio. A la cuadrilla renovada le lanzaban vivas y olés los hermanos veteranos sentados en el atrio, a los que en un suspiro se les olvidó la solana que habían soportado durante casi dos horas. Todo era brillo en ese momento: las dalmáticas de los acólitos, la plata, el tisú, los varales... y la corona renovada de su gran día en el otoño pasado.

En el balcón más próximo a la iglesia, con la Virgen de la Paz de frente, tres señoras mayores guardan sus botellines ante el paso de la reina del Porvenir. En su ventana cuelgan unas banderolas de colores budistas, como las que se encuentran en los blancos Himalayas. Son banderines lungta, que significa «caballo de viento». Pero en el Porvenir, ni viento, ni caballos.


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