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Motor

Circular por el Aljarafe puede aumentar el gasto de combustible y las averías

Resaltos y bandas reductoras de velocidad suponen un enemigo para nuestro vehículo y para la cartera. La concentración de obstáculos viales deteriora aceleradamente ciertos elementos mecánicos y aumenta el consumo

Mario Garcés mgarces83 /
29 jun 2019 / 11:21 h - Actualizado: 29 jun 2019 / 13:01 h.
  • Plaza del Agua, en Tomares (también conocida como rotonda de Aljarafesa). En las avenidas de alrededor se concentran algunos badenes de gran altura.
    Plaza del Agua, en Tomares (también conocida como rotonda de Aljarafesa). En las avenidas de alrededor se concentran algunos badenes de gran altura.
  • Carretera A-8062 entre Gines y Bormujos. En la rotonda de la imagen se combinan bandas sonoras con pasos de peatones a nivel.
    Carretera A-8062 entre Gines y Bormujos. En la rotonda de la imagen se combinan bandas sonoras con pasos de peatones a nivel.
  • Paso de peatones elevado en el Bulevar de las Civilizaciones de Mairena del Aljarafe. Tienen una pendiente muy suave, a diferencia de otros resaltos del pueblo.
    Paso de peatones elevado en el Bulevar de las Civilizaciones de Mairena del Aljarafe. Tienen una pendiente muy suave, a diferencia de otros resaltos del pueblo.

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En la mayoría de pueblos del Aljarafe, los ayuntamientos han optado por instalar masivamente resaltos, pasos de peatones sobreelevados y bandas reductoras de velocidad, que se suman a la no menos extensa variedad de rotondas. Todos estos elementos, destinados a regular el tráfico y a que los conductores no alcancen gran velocidad en poblado, se adaptan a normativas, pero no siempre se cumplen. Principalmente por la altura que alcanzan. Aunque existen otras formas de controlar la velocidad en vías urbanas, pocas son tan eficaces con los conductores incívicos.

Esta suerte de yincana para el conductor tiene dos efectos negativos importantes: uno sobre el vehículo, cuya suspensión y frenos se ven sometidos a un desgaste acelerado, y otro en el gasto de combustible, por la constante necesidad de acelerar y frenar que suponen. Comparativamente, circular por Sevilla capital resulta menos agresivo para los vehículos, tanto porque es más llana como porque la presencia de obstáculos es mucho menor. Sobre el estado del asfalto, en general, hablaremos otro día.

Amortiguadores, casquillos y frenos sufren más

La vida media de cualquier componente mecánico de un vehículo se mide en ciclos de uso. Hay componentes que duran toda la vida, porque no están sometidos a desgaste, y hay piezas que van perdiendo rendimiento con el paso de los kilómetros. El caso de los amortiguadores es el más claro, puesto que son elementos que soportan un trabajo intenso. Su misión es disipar la energía que las ruedas transmiten verticalmente a la carrocería cuando se circula (y que sacudiría a los pasajeros si no se redujese). Si la calzada es lisa y regular y las curvas y la conducción son suaves, la energía que se produce es pequeña y los amortiguadores tienen poco trabajo. Pero si el pavimento es rugoso, hay baches u obstáculos, o muchas curvas, o el conductor es brusco, la cosa cambia. Y si se suma todo, evidentemente el desgaste se acelera. Vivir en el Aljarafe contribuye a que todos estos factores negativos se amplifiquen.

Los amortiguadores pierden rendimiento paulatinamente. Con lentitud. Tanto es así, que muchos conductores no se percatan del desgaste porque se acostumbran a las reacciones del coche. La ITV tampoco ayuda, porque detecta otras averías de la suspensión, pero no el desgaste de los amortiguadores salvo que tengan una fuga de aceite (lo cual indica que han dejado de funcionar, pero no siempre ocurre cuando están gastados).

Sin embargo, hay otros componentes del coche que también sufren con los badenes y que a veces es más fácil detectar que se han averiado, porque aparecen ruidos. Son los casquillos (o silentblocs). Unas piezas habitualmente de caucho, situadas en las articulaciones de la suspensión y en los soportes del motor u otros elementos de metal, que evitan la propagación de vibraciones y que amortiguan los golpes. Tienen una vida útil limitada, que se ve reducida drásticamente en coches que hacen la mayoría de sus recorridos en ciudad.

Por último, el sistema de frenos del coche, aunque pueda no parecerlo, sufre especialmente en la circulación por poblado. Las frenadas constantes, cortas y bruscas o largas y suaves, aún yendo despacio, provocan un calentamiento elevado del sistema porque la velocidad es insuficiente para llegar a refrigerar. Este aumento de la temperatura contribuye a que los discos de freno se doblen, las pastillas se cristalicen y aparezcan chirridos y vibraciones en el volante.

Pues bien, si al uso habitual del coche, por un asfalto en condiciones muy cambiantes pero en general deteriorado, se le suma la agresión adicional de los resaltos, que provocan un golpe seco y brusco de las ruedas, y de las rotondas, que obligan a usar mucho los frenos, es fácil entender cómo se resienten los componentes antes citados. El impacto brusco y repetido que absorben los amortiguadores y los casquillos en cada badén, sumado a la frenada previa y multiplicado por cientos de veces a la semana, contribuye a producir desgastes prematuros, porque en condiciones menos dañinas durarían muchos más kilómetros.

La clave para obtener un consumo bajo es circular de manera uniforme

Y la uniformidad es precisamente lo que no se consigue al callejear por el Aljarafe. Los cambios constantes de ritmo: acelerar a la salida de una rotonda, frenar en un resalto, volver a acelerar, llegar a un badén, detenerse en un paso de cebra, volver a acelerar, pisar unas bandas reductoras, frenar para entrar en otra rotonda. Y así sucesivamente. Tal vez le resulte conocida esta secuencia que acabo de citar. Es lo contrario de lo que ocurre en las avenidas amplias de Sevilla (y aún en zonas más estrechas), donde es posible enlazar semáforos en verde y mantener una velocidad constante en algunos tramos, si el tráfico fuera de hora punta lo permite.

El efecto directo es que el consumo de carburante se dispara, porque la sucesión de obstáculos hace que obliguemos constantemente al motor a recuperar la velocidad perdida. Si el conductor es poco cuidadoso gestionando las marchas y el acelerador, vivir en el Aljarafe le puede suponer un gasto extra considerable en combustible. Resulta paradójico que cuando más insistencia se recibe por parte de las administraciones en reducir el consumo y las emisiones nocivas, menos faciliten que las condiciones de circulación lo permitan.

Una carrera de obstáculos

Tras varios recorridos comparativos por Mairena del Aljarafe, Tomares, Castilleja de la Cuesta y Gines, se pueden sacar algunas conclusiones rápidas. No es un estudio exhaustivo, obviamente. En Mairena la frecuencia media ha sido de 6,3 badenes por kilómetro. En Gines, 5,6; en Tomares, 4,8 y en Castilleja, 3. A esto hay que sumar las rotondas.

Esto quiere decir que, en promedio, en Mairena del Aljarafe, cada 160 metros, hay algún tipo de resalto en la vía que obliga a frenar y acelerar, con la particularidad de que además los obstáculos están muy repartidos por todo tipo de calles, incluyendo las avenidas más amplias. Un ejemplo es el Bulevar de las Civilizaciones, que tras las últimas obras presenta pasos de peatones elevados. En algunos casos, como el de la imagen, los peatones pueden cruzar de una acera a un guardarrail. Al menos hasta que finalicen las obras.

En Gines, el ritmo se entorpece aproximadamente cada 180 metros aunque, al igual que en Castilleja de la Cuesta (cada 335 metros), al menos se libran las vías principales y los resaltos se concentran en las zonas residenciales. Por último, en Tomares, también repartidos de manera muy uniforme por todo el municipio, un conductor encuentra, de media, un lomo en el suelo cada 208 metros. Algunos de ellos son, además, especialmente altos y agresivos con la suspensión.

Alguien que resida en uno de estos pueblos o en otros del Aljarafe y que conduzca a diario por la zona, someterá a su vehículo a una secuencia de frenadas, acelerones y golpes en la suspensión bastante mayor que quien lo haga por Sevilla capital. La mejor forma de evitar en lo posible aumentar el desgaste de piezas y el consumo es conducir con suavidad, usando el freno motor y evitando los acelerones entre badén y badén.


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