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Motor

Los vicios al volante que más atascos provocan a los sevillanos

El aparcamiento en doble fila, las distracciones con el teléfono móvil o el comportamiento insolidario entre conductores, algunas de las causas que más perjudican al tráfico en la capital

Mario Garcés mgarces83 /
06 jul 2019 / 11:16 h - Actualizado: 06 jul 2019 / 12:42 h.
  • Los vicios al volante que más atascos provocan a los sevillanos

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«Son sólo cinco minutos», «todo el mundo aparca igual» o «si no lo dejo así, luego tengo que andar mucho», son sólo algunas de las excusas peregrinas que se emplean para justificar el incivismo con que se suelta el coche en segunda fila en nuestra ciudad. Pensar en el bien propio por encima del bien común conlleva que se produzcan multitud de cuellos de botella que atascan la ciudad en zonas en las que ni siquiera el tráfico es excesivo. Es la forma más absurda de reducir la capacidad máxima de una vía, como explica la DGT. Lo mismo ocurre si se emplean lugares de circulación que no están destinados a servir de estacionamiento, como las esquinas de las calles. A veces, subiendo dos ruedas a la acera, con la degradación que ello conlleva del viario público, ya que el acerado no está diseñado para soportar el peso de vehículos y las losas se acaban rompiendo.

Que faltan aparcamientos o que sobran coches es algo que parece obvio en muchas capitales. Sin embargo, también es habitual ver calles de dos carriles por sentido en las que es imposible circular por el carril derecho, porque está ocupado por coches estacionados en cordón tras otra hilera de coches en batería. Y que a unos cientos de metros, tal vez callejeando, haya sitio libre para aparcar. Esta aceptación tácita, flagrante, de que es mejor no molestarse en perder tiempo aparcando, repercute en el tiempo de todos los sevillanos. Un círculo vicioso del que debería ser fácil tomar conciencia como conductor: es mejor tomarse la molestia que molestar.

En los atascos hay que tratar de crear el «efecto cremallera»

Competir por ser el primero en llegar al siguiente semáforo en rojo, o por que nadie se cuele delante en una caravana, son algunas de las prácticas comunes que se repiten en los atascos que cada día se forman tanto en la SE-30 como en el interior de la ciudad. No se trata sólo de un gesto que aumenta el gasto de combustible, sino también de una falta total de solidaridad con el resto de conductores.

Muchas de las retenciones se forman en las confluencias de dos o más carriles a uno solo. También en las zonas en las que se produce trenzado (tramos de un único sentido en los que se cruzan vehículos entre sí, que proceden de dos direcciones convergentes y que salen por otras dos divergentes), como en el acceso desde la A-49 a Sevilla o en la SE-30 a la altura de Tablada, por detrás de la Feria.

Para entender en qué consiste el «efecto cremallera» cuando se acaba un carril, resulta muy útil el siguiente tuit de la Policía Municipal de Madrid. Se trata de circular facilitando el paso intermitente y alternativo de un vehículo de cada carril.

Para conseguirlo, lo adecuado es circular respetando la distancia de seguridad, que en un atasco basta con que sea la suficiente para que quepa otro coche delante. Y procurar mantener un ritmo constante. No consiste en ir dejando pasar a todos los coches sino que, al llegar al lugar de la estrechez, facilitar la incorporación. Esta distancia de seguridad no sólo facilita que la cremallera funcione, sino que evita la ralentización del atasco por el «efecto acordeón»: los constantes frenazos, propios de una conducción agresiva, producen caídas bruscas de la velocidad de circulación, que repercuten en toda la cadena de coches que van detrás.

Por supuesto, las distracciones cuando el semáforo está en rojo, como revisar el móvil para atender a una conversación, también agravan los atascos, gracias a los segundos perdidos cuando el semáforo torna en verde, el despistado sigue a lo suyo y una fila entera de coches no avanza.

Si sufre un golpe de poca importancia, muévase

Si sufre o provoca un alcance de poca entidad, que sólo conlleva pequeños daños de chapa y pintura, que no evitan que su coche pueda seguir circulando, muévase, e invite al otro conductor a hacer lo mismo. Arreglen los papeles en un lugar apartado y seguro, que no entorpezca el tráfico ni ponga en riesgo su integridad. Las prisas o la desconfianza por rellenar el parte amistoso de accidente hacen que muchos conductores no reparen en el detalle más importante: ponerse a resguardo. Parando en el mismo lugar del golpe sólo consiguen empeorar el atasco, atraer mirones y mantener el riesgo de que el accidente vaya a peor si otro vehículo no les esquiva.


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