Provincia
06.08.2016
Actualizado: 06 ago 2016 / 20:16 h.
  • Caballos y ponis para ayudar y educar a niños de apoyo escolar
  • Caballos y ponis para ayudar y educar a niños de apoyo escolar

Cada sábado, un niño de algún barrio desfavorecido de Sevilla se despierta impaciente e ilusionado por ver a su caballo. Este es el día en el que acudirá a las instalaciones de la fundación Carlos Espigares, en Dos Hermanas, y donde realizará actividades y juegos con los equinos. De esta forma, la fundación promueve la integración de los jóvenes a través del uso educativo con los caballos.

Durante los nueve meses del curso escolar, un autobús –proporcionado por la fundación y gratuito– recoge a una veintena de niños de entre seis y doce años todos los sábados, procedentes tanto de la capital como de la provincia sevillana.

Antonia Alonso, coordinadora ecuestre del centro, explica que «el trato con el poni y el caballo es una comunicación muy beneficiosa». En concreto, gracias a este proyecto los niños amplían su confianza y seguridad en sí mismos, y «desarrollan mayor responsabilidad gracias al cuidado de las necesidades del equino».

Ana, con siete años, es una de las participantes. Como explica su madre, «ella lleva ya dos años participando con la fundación, porque le cuesta mucho el colegio y tiene dificultades para leer». Sin embargo, «aunque siga teniendo problemas para aprender, a ella el proyecto le ha ayudado mucho, es más responsable», agradece. Las actividades preferidas de Ana son montar a caballo, el enganche, darles de comer o peinarles.

Alonso explica también que «los niños que participan han mejorado en sus notas y en su estabilidad emocional», además de proporcionales un momento de diversión y contacto con la naturaleza. «¿A mí cuánto me queda para venir?» o «me voy a ir portando mejor para conseguir que cuando cumpla los seis años me puedan apuntar a caballo» son algunas de las frases que pueden escucharse de los pequeños.

«Somos un equipo de personas en el que todos arrimamos el hombro de forma altruista», alaba Alonso. Muchos de los monitores fueron incluso alumnos del fallecido Carlos Espigares. La fundación comenzó con esta actividad en 2011, con el objetivo de integrar, rehabilitar y reeducar a los niños con menos posibilidades. De esta forma, consiguen también que el nombre del maestro de la equitación Carlos Espigares perdure en el tiempo. «Al principio teníamos menos recursos y realizábamos la actividad en semanas alternas, pero ahora podemos hacerlo todas las semanas», explica la coordinadora.

Este equipo tiene otros proyectos sociales entre manos, a la espera de conseguir los suficientes recursos para realizarlos. Como explica Alonso, «existe una parte de la equitación que es la hipoterapia, en la que gracias al movimiento del caballo se pueden hacer ejercicios de rehabilitación», una actividad que es de mucha utilidad para niños con alguna discapacidad motora. «Para poder realizarla necesitamos muchos profesionales –médicos, fisioterapeutas, psicólogos y educadores–. Como nosotros lo queremos realizar todo de forma gratuita, hasta que no consigamos este equipo no podemos poner en marcha las sesiones», explica Alonso. Uno de los pilares de la fundación es precisamente la accesibilidad universal, sin discriminación por renta. Por ello, seguirán luchando por proyectos venideros en los que «el coste tiene que ser cero, para que todos puedan participar», sentencia Alonso.

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