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800 años de los dominicos

11 jun 2016 / 22:17 h - Actualizado: 11 jun 2016 / 22:58 h.

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Llevamos desde finales del año pasado recibiendo noticias abundantes sobre el Jubileo de la Misericordia que nuestro Papa nos ha regalado para poner en valor el amor que se recibe y que se da cuando más cuesta o hacia quienes más complicado lo tienen. A boca llena podemos decir que está siendo un tiempo de gracia para toda la Iglesia, que se brinda una nueva oportunidad para abrirse a todos y llegar más lejos, a esas periferias en las que hemos puesto los ojos para hacer verdadera la Nueva Evangelización que ya empezó a sugerirnos San Juan Pablo II en su pontificado.

Como pequeñas perlas en la gran corona de la cristiandad, hay jubileos menores, locales, que dan vida nueva a las comunidades que los piden para conmemorar ciertas efemérides de importancia. Años atrás, las experiencias jubilares de la Macarena y El Museo nos ayudaron a comprender cómo un acontecimiento institucional puede servir de venero de gracia y bendiciones para toda la diócesis, creando una dinámica de visitas y peregrinaciones que favorece en muchos aspectos.

Por debajo del jubileo de la Misericordia, pocos podremos encontrar tan extendidos como el que está celebrando la familia dominica en el DCCC aniversario de la aprobación de la orden por el papa Honorio III. Ya el año pasado, la orden carmelita descalza destacó por sus celebraciones en honor de Santa Teresa, aportando un soplo de aire fresco que en Sevilla se notó especialmente en la coronación de la titular del convento del Santo Ángel. Los dominicos, presentes en Sevilla en dos conventos masculinos (Santo Tomás y San Jacinto) y uno femenino (Madre de Dios) tienen sus puertas abiertas para que celebremos con ellos la alegría del carisma que nace aún en vida de San Francisco y enriquece el afán evangelizador del Poverello con la palabra certera y fecunda de Santo Domingo, castellano que puede considerarse uno de los grandes santos de la Iglesia universal.

Tengamos presente este año jubilar de los frailes predicadores, los apóstoles de la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de tantas localidades y titular de innumerables hermandades y cofradías por toda la geografía. Celebrar con ellos este importante centenario es reconocer la importancia de la transmisión de la fe a través de la palabra de los sacerdotes en la predicación, no limitada en las homilías sino ofrecida de muchos modos a la asamblea cristiana.

Su aniversario es un hito más dentro de la animada vida pastoral de los católicos consagrados. Acuda a un convento dominico y, haciendo la oración según prescribe la práctica de la indulgencia, ore por las intenciones del Papa y de la Iglesia. La misericordia de Dios está también en estos frailes valientes de Santo Domingo.


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