jueves, 15 noviembre 2018
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Aceitunas en la base aérea de Morón

12 jul 2018 / 21:41 h - Actualizado: 12 jul 2018 / 21:44 h.

Haz la ensalada y no la guerra. También en la Base Aérea de Morón, que en realidad ocupa terrenos del término municipal de Arahal (Sevilla) y donde cohabitan militares norteamericanos y españoles. El Ejército de Estados Unidos dispone del 80% de ella como sede permanente de escuadrones aéreos y destacamentos de primer nivel para operaciones bélicas en el Norte de África y Oriente Próximo. Recuerden bombardeos en Libia, Irak, Siria,... Si después de despegar optan por volar a baja altura, sobre todo divisan enormes extensiones de olivares. Están radicados en el corazón de la provincia más productora de aceituna de mesa a nivel mundial. Además, en los últimos lustros, ha alcanzado el liderato en la producción de aceituna negra que es laminada para pizzas, ensaladas y otros formatos de comida rápida envasada, universalizados desde el modelo de sociedad de consumo más genuinamente norteamericano.

Ahora, mediante una ‘guerra’ comercial, en las antípodas del liberalismo, los grupos de interés y presión a los que Trump protege y encarna como mandamás de la Casa Blanca abocan al empobrecimiento a miles de familias de la geografía sevillana y andaluza que es el horizonte de dicha base militar. El poder adquisitivo de los 329 millones de habitantes del mercado USA es insustituible para las cooperativas aceituneras. Que no se sienten bien respaldadas por la Comisión Europea. Están en serio riesgo de tener que poner al ralentí sus fábricas y despedir trabajadores. Ni los algoritmos de Google podrán evitar que Trump sea una máquina a revienta calderas para producir antiamericanismo.

Que tire la primera piedra quien no intenta influir en la libre competencia para instaurar un privilegio de intereses creados, una desigualdad vía hechos consumados o unas reglas del juego basadas en el oligopolio. En esa dimensión hay que entender mensajes como el que lanzó Trump por Twitter antes de viajar a Bruselas para la cumbre de la OTAN: “La Unión Europea hace imposible que nuestros agricultores, trabajadores y empresas hagan negocios en Europa y encima quieren que les defendamos alegremente en la OTAN, y encima que paguemos por ello. Eso no funciona”. Ha sido él, y los poderes fácticos que él representa en el gran teatro del mundo, quienes mezclan producción militar y producción agrícola en la dialéctica política y en las negociaciones. Misiles y aceitunas, como churras y merinas. En una estrategia trufada con mucha demagogia y aliñada para dar gusto a la población que votó el ‘American first’ de Trump.

No resiste ninguna prueba del algodón pintar como víctima a la economía norteamericana en su relación con la europea. Y menos aún en una época donde marcan la pauta las empresas de la tecnología digital y las finanzas globales. En la clasificación de las 50 corporaciones más grandes del mundo por capitalización, no hay ni una de Alemania, Francia, Italia o España, que son las economías más grandes de la Europa continental. Mandan las de Estados Unidos (32), China (9) y Suiza (3).

Trump juega siempre a tensionar y meter el miedo en el cuerpo, para después renegociar, obtener mejores condiciones y dar un afectuoso apretón de manos como ‘amigo de toda la vida’. Es su estilo de magnate, después maximizado por los asesores de imagen cuando adquirió la condición de personaje televisivo, y llevado con habilidad al terreno gubernamental por quienes desean hacer ver que las democracias son un entramado muy soso y demasiado diplomático al que le hacía falta el picante popular de Donald con Melania a su vera.

Los aceituneros de la Andalucía rural son los conejillos de un ensayo para desestabilizar las reglas del juego de los últimos lustros, con el proteccionismo norteamericano desmadejando la Europa de la Política Agrícola Común y entrando en acción las agriculturas de países emergentes.

Y a la sociedad andaluza, tantas veces minusvalorada, le faltan apoyos políticos y mediáticos. Tiene razón Gabriel Redondo, presidente de AgroSevilla, la empresa más exportadora de aceitunas del mundo, cuando denuncia que “a un agricultor francés no se le toca y con el cava catalán esto no hubiera pasado”.


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