domingo, 15 septiembre 2019
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Alfileres de solidaridad

07 sep 2018 / 22:30 h - Actualizado: 07 sep 2018 / 22:30 h.

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Me gusta subir a la azotea y tender al sol del papel mis sentimientos, siempre hay quien sale a recoger la ropa seca que, sin pasar de los 1.600 caracteres, concentran más de mí de lo que yo misma soy capaz de permitirme. Cada sábado subo los peldaños que me llevan a mi lugar secreto, para soltar por el pretil lo que le ordena mi corazón al teclado. A veces el cesto de la colada pesa, otras el cielo anuncia lluvia, pero siempre se seca la ropa que tiendo al aire de los ojos de quien me lee. Nada hay mejor que la maravillosa catarsis de escribir para desconocidos, me dijo quien en 2006 me abrió las puertas de este periódico que ahora amenaza con un ERE. Y llevaba toda la razón, la vida me cambió cuando me vi por primera vez en sus primeras páginas, en un recuadro enmarcando mis letras junto a mi nombre y la cara poco fotogénica de la que escribe lo que siente, como ahora. Periódico que más de un siglo después, vuelve a amenazar con despedir a quienes lo hacen posible, el que me recibió a cambio de nada, llevándose mis sentimientos envueltos en caracteres. Quizás tengamos culpa los que como yo, escriben solo con el único pago de ser leídos, recibiendo a cambio el reconocimiento de quienes se asoman a la azotea de mi misma. Y como me siento juez y parte, vaya mi apoyo para quienes hicieron posible que usted, amable lector o lectora, me regalase el inmenso placer de ser leída. Por ellos, la azotea llena sus cordeles con alfileres de solidaridad esperando que se despejen las nubes de una vez, permitiendo que salga el sol para todos, secando de una vez, mi ropa tendida de negro sobre blanco.


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