sábado, 25 mayo 2019
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Altura profesional

22 mar 2016 / 22:24 h - Actualizado: 22 mar 2016 / 22:26 h.

Es como si llevaras al taller oficial de la marca tu flamante berlina con el motor más potente y la electrónica más sofisticada, y el tipo de la recepción te dijera, «verá, es que nosotros sólo sabemos pasar las revisiones y arreglar las averías de los modelos utilitarios y los que llevan de serie el motor y la electrónica básicos». O como si la policía propusiera al juez investigar una organización criminal dedicada al fraude y el blanqueo de capitales a gran escala, con implicaciones en la banca suiza y en varios paraísos fiscales, y el juez respondiera «ah, no, no me compliquen ustedes la vida que yo soy de letras y donde de verdad doy la talla es en los hurtos en El Corte Inglés y en Zara». Similar a que, en trance de parir un hijo, la comadrona dijera, «lo siento señora, el niño viene de nalgas y yo esto no sé bien cómo afrontarlo», y te dejara allí plantada, o como si el panadero del barrio se negara a ofrecer a sus clientes algo distinto a la barra del tipo pistola porque el pan integral, el de payés y la torta de aceite le obligan a explorar más allá de esa única receta que le resulta tan familiar y tan fácil de hacer.

Es cierto; el pasado 20 de diciembre los electores dejamos una aritmética complicada que requiere de algunos esfuerzos inéditos. Mucho me temo que la respuesta pueda ser la siguiente, «señores, en estos años de democracia siempre hemos formado gobierno con mayorías absolutas o con mayorías simples y provechosos pactos con algún partido nacionalista; este fregado de ahora no sabemos manejarlo, así que van a tener ustedes que volver a las urnas».


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