lunes, 19 agosto 2019
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Alucinando con lo de Plácido

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
15 ago 2019 / 08:01 h - Actualizado: 15 ago 2019 / 09:58 h.
  • Alucinando con lo de Plácido

La verdad es que el asunto de las denuncias de acoso sexual a Plácido Domingo por parte de unas cantantes y bailarinas es tan fuerte que te tienes que pellizcar para saber que no estás soñando. Cuesta entender que un señor tan atractivo, famoso y rico tuviera que recurrir a malas artes de galán de tercera para llevarse a una muchacha o señora a la cama, pero el feo asunto está ahí y vamos a ver qué es lo que pasa. Cualquier cosa que se diga o escriba ahora es arriesgarse a darse el trastazo, porque es un tema complicado.

Lo que me parece más grave de todo es que esto salga en los medios de comunicación de todo el mundo, siendo quien es, sin que se haya probado aún nada, si es que es posible probar algo así, que ocurrió hace treinta años. Son denuncias, en algunos casos, de personas anónimas, que tendrán que aportar pruebas contundentes para hacer una acusación tan grave. De otra manera no se entiende que se pueda denunciar a alguien de acosador sexual, sea un genio de la ópera o de la albañilería.

Estamos hablando de algo que está castigado con la cárcel. Pero en este caso, por ser quien es, el castigo sería mucho más duro. De hecho ya está recibiendo un duro castigo en todo el mundo, en las redes sociales y en la profesión, con contratos cancelados. Si al final no prosperan las denuncias, ¿qué? El tenor no niega las relaciones y habla en un comunicado de “relaciones consensuadas”. Habla también del prisma del tiempo. Claro, hoy le dices a una mujer que o te acuestas conmigo o te quedas sin trabajo, y en diez minutos estás detenido y en todos los periódicos digitales, televisiones, etc.

En otros tiempos era algo normal en el mundo del arte, sobre todo de la farándula. No solo con las mujeres, sino con los hombres también. Había que pasar por la piedra, sobre todo si no eras un genio. Una bailaora que ya no vive y cuyo nombre no voy a dar, como es lógico, me contó que en un conocido tablao sevillano había que “alternar” con los clientes si querías que en tu casa se pudiera poner un puchero a la semana. No me refiero al café del Burrero o el de Silverio, ambos del XIX, sino a locales del pasado siglo.

Esto lo saben muchas personas en Sevilla pero es un tema enterrado. Tan enterrado como estaba el de Plácido Domingo y sus presuntos acosos sexuales contra cantantes o bailarinas que buscaban un hueco en la ópera. Todo lo que se pueda probar hay que llevarlo ante los tribunales y que caiga quien caiga, sea Plácido Domingo o Periquillo el de los Palotes, si aún viviera.

Me estoy pensando si denunciar o no a un señor que me acosó sexualmente hace más de cuarenta años. Un bujarrón, sí, que quiso aprovecharse de un chaval de 17 años que acababa de llegar del pueblo a la capital, Sevilla. No llegó a tocarme ni un pelo, pero me acosó y estuve traumatizado algún tiempo. ¿Me creería alguien? Lo dudo. Incluso que prosperara la denuncia, de ponerla.


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