lunes, 17 junio 2019
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Pareja de escoltas

Ángeles

18 may 2019 / 11:40 h - Actualizado: 18 may 2019 / 16:51 h.
  • La Virgen de los Ángeles en su traslado a la Catedral para su coronación pontificia. Foto: Jesús Barrera.
    La Virgen de los Ángeles en su traslado a la Catedral para su coronación pontificia. Foto: Jesús Barrera.

La coronación de la Virgen de los Negros trasciende ampliamente del molde ancho de la propia ceremonia, de su rango pontificio, de los cultos extraordinarios, la breve estancia en su parroquia de San Roque y los traslados gozosos de ida y vuelta a la catedral para recibir la original joya soñada por Juan Miguel Sánchez. La Virgen no podía portar otra y el trabajo ejemplar del joyero cordobés Miguel Ángel Cerezo ha sabido rescatar y potenciar su esplendor.

Pero todo eso pasa a un segundo plano. La coronación de la antigua dolorosa de la capillita de Recaredo no puede ser como las demás. Y es que los Negritos tampoco es una hermandad cómo las demás. Su historia es la de la cara oculta de una ciudad que aún no soñaba con el oro americano. La devoción y la piedad se aliaron en esa primitiva corporación de negros cautivos que la gran historia ha silenciado. Sí: Sevilla era una ciudad de esclavos que, no pocas veces, quedaban abandonados a su suerte, tirados al arroyo, cuando dejaban de ser útiles. La cofradía de los Ángeles ofició ahí un papel redentor para que aquellas vidas gastadas merecieran el nombre de tales.

La capilla se levanta delante de la muralla oculta, contemplando la metamorfosis de la propia ciudad desde hace más de cuatro siglos. La piedad de los Negros nos legó el impresionante crucificado de la Fundación, la mejor memoria del Vía Crucis del marqués de Tarifa, hasta los balbuceos de aquella Semana Santa arqueológica que no se puede entender sin el camino de penitencia que conducía a la remota Cruz del Campo.

Todo eso cabe hoy en el canasto de una corona. Fue la guinda del último impulso estético que alió -con efecto retardado- la impronta de las cofradías con el mejor arte de su tiempo. Con la Virgen de los Ángeles, cobijada bajo el irrepetible palio de Juan Miguel, se corona la memoria de aquellos hombres pobres a los que condenó su color moreno. No se nos olvide. Ellos eran los preferidos del Señor.


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