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Alguien tenía que decirlo

Berizzo y la escalera

22 dic 2017 / 18:11 h - Actualizado: 22 dic 2017 / 18:14 h.

El gran triunfo del Sevilla en el siglo XXI es sufrir una grave crisis con el equipo quinto en la Liga, clasificado para los octavos de final de la Champions League y de la Copa del Rey, con un superávit económico millonario y con 40.000 socios a precios más lógicos para noruegos que para sevillanos. Y esta es la situación actual del club de Nervión, que se dispone a pegar un volantazo a mitad de la primera temporada pos-Monchi. La apuesta de Óscar Arias por Eduardo Berizzo para dirigir a esta plantilla ha fracasado y no quiere José Castro esperar a que el daño sea mayor. La presión popular es brutal y ya recibió el presidente un toque de atención en la pasada junta de accionistas. Está vigilado y esta situación es un duro examen en el que se juega muchísimo como máximo mandatario.

Y es aquí donde percibo la verdadera preocupación en el entorno sevillista. Uno de los problemas principales puede ser Eduardo Berizzo, de acuerdo. Pero ni es el único ni puede que sea el más importante. Detrás se percibe una tremenda desconfianza cada vez más generalizada que va subiendo peldaños hacia la figura del director deportivo y hacia la del propio Castro. Sea justo o no, creo que flota en el ambiente y se puede comprobar con facilidad. Y eso es ya un problema más grave. De acuerdo que Arias acaba de empezar y que viene con una mochila a cuestas inconmensurable, que no es otra que el legado de Monchi. Pero la reflexión más dura es la inevitable comparación, porque hay que comparar. Evidentemente Monchi tiene en su currículum no pocos fracasos, pero la diferencia con sus éxitos es tan abrumadora que no merece la pena insistir en ello. Hay que hablar del modelo de negocio, que ha cambiado hacia una mayoría de jugadores supuestamente más contrastados y, por tanto, de mayor edad y menor revalorización posible. Y, al margen de los fichajes, es lícita la duda (que no la seguridad) de si un caso como el de Nzonzi podía haber tenido una solución mejor que el evidente tiro en el pie que se ha dado el club de Nervión.

Además, también hay sevillistas que siguen hacia arriba y extienden su desconfianza hacia Castro, por lo que para ellos el problema deja de ser grande para convertirse en alarmante, quedando lo de Berizzo en simple problemilla. No creo que haya para tanto, pero sí una preocupación que toca, en mayor o menor medida, a las tres cabezas visibles del actual Sevilla: presidente, director deportivo y entrenador, siendo éste la pieza más débil de la cadena pero la más importante en cuanto a inmediatez. El final de esta temporada, con difícil y caro pero posible arreglo, determinará si el sevillista sigue subiendo la escalera pidiendo explicaciones o parará dando más oportunidades a quienes deben tomar decisiones y cobran por ello.


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