jueves, 15 noviembre 2018
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, última actualización

¡Buenos días!

29 ago 2018 / 22:00 h - Actualizado: 29 ago 2018 / 22:00 h.

Sus manos se unían como cada día cuando los primeros y débiles rayos de sol clareaban la habitación. Como dos chiquillos enamorados, el primer «te quiero» del día se lo dará junto al beso en su mejilla y la caricia en su plateado pelo que desde hace mas de sesenta años nunca han dejado de venir con la aurora. Lentamente y al compás que marcan el crujido de sus huesos al bajar de la cama, se acicala y perfuma para pelear un nuevo día. Su princesa sigue durmiendo, mientras en el viejo tostador funde la mantequilla sobre la rebanada de pan y el café sube aromatizando la casa. Con la ilusión de siempre volverá a la cama y como en un cuento, con otro beso en la frente la princesa despierta del letargo y muy despacio se incorpora y pone los pies en el suelo donde ya le esperan perfectamente alineadas las zapatillas. Todo preparado y él con la bandeja del desayuno lucha contra sus torpes pasos y temblorosas manos hasta llegar a la mesa que cada día parece estar más lejos de la cocina. Nunca falta la sonrisa en ninguno de sus rostros, nunca las ganas de hacer cosas como si mañana se acabara el mundo, nunca falta el recuerdo de sus nietos, de sus hijos. Son más de sesenta años y siempre la misma ilusión. No poseen más tesoro que los suyos y ellos mismos, no necesitan lujos, por que el lujo para ellos es vivir cada día. Saldrán del brazo a la calle y buscarán un rumbo distinto donde la travesía tendrá el alcance de sus fuerzas. Que bonito es vivir eternamente enamorado. Hazme un favor, se feliz.


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