sábado, 24 agosto 2019
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CALCIO: la CALidad es el benefiCIO

¿Cuál es ese elemento que diferencia la felicidad de la mera ‘contentura’? ¿Cuál es ese elemento que en la mente y en el alma perdura?

María Graciani m_graciani /
26 ago 2017 / 19:53 h - Actualizado: 26 ago 2017 / 19:54 h.

Para que algo perdure en la memoria, tiene que tener un carácter distintivo que marque una diferencia en tu trayectoria y te haga subir a la noria de una nueva historia, para que girando y girando la creatividad y la diversión te vayan llenando; ese elemento es el que crea el momento y lo diferencia de un momento (de esos que se lleva el viento...) haciéndote sentir más que contento: feliz. Y, ¿cuál es ese elemento que diferencia la felicidad de la mera contentura? ¿Cuál es ese elemento que en la mente y en el alma perdura? Se trata de la calidad.

Afirmaba Frederik Henry Royce, uno de los fundadores de Rolls-Royce, que «la calidad se recuerda mucho tiempo después de haber olvidado el precio» y esto es porque el precio es una cantidad, una porción de una magnitud mientras que la calidad es la virtud, el carácter distintivo de la naturaleza de alguien o algo, es el motor del «porque yo, ¡lo valgo!» (y del rebaño, me salgo). La cantidad es el qué, lo tangible, lo concreto, lo que puedes ver (y, con el tiempo, está destinado a perecer); la calidad es el porqué, la motivación, lo que no puedes tocar pero si falta... es como si no pudieras respirar, simplemente no puedes continuar, el valor: lo que crea una vida mejor.

El filósofo René Guénon declara que estamos viviendo en «el reino de la cantidad... somos incapaces de evaluar realmente la calidad de las cosas, así que nos condicionamos para no ver más que cantidades o notas, incluso cuando son falsas o están fuera de lugar», Guénon, ¡tiene razón! cuando perdemos el norte, queda diluido el sentido del aporte, de modo que sin el porqué, difícilmente llegaremos al «¡YES!» (Yo Estoy Satisfecho) y así es como nos acostumbramos a enfocarnos en la porción (el qué) porque hemos obviado la inspiración en favor de la rápida acción, repitiendo como una pesada canción: «¡que se haga, que se haga!» pero cuando te olvidas de la calidad... la cagas.

¿Qué tienen en común los dientes, los huesos y los caparazones? todos están formados por calcio, un elemento químico blanco y ligero que les confiere su fortaleza. Del mismo modo, éste es el secreto de las personas de mayor nobleza: el CALCIO, porque saben que la CALidad es el benefiCIO. Cuando tomas este CALCIO humano, en poco tiempo te sentirás más sano porque aportarás a tu estructura personal y profesional gramos de sentido, de aquello que el seguidor del «¡que se haga!» creía perdido. «¡Con los dedos de una mano se cuentan los verdaderos amigos!» me decía mi madre desde pequeña, y es que este sencillo consejo una valiosa lección enseña: la calidad es el libro, la cantidad no llega a reseña. Cuando tienes claro que la CALidad es el benefiCIO, empiezas a prescindir del fuego de artificio porque entiendes el verdadero significado del servicio: aporte, mejora, utilidad... La calidad es sinónimo de autenticidad, de dedicación, de diferenciación porque para crearla y mantenerla es necesario hacer un esfuerzo consciente y diario pero una vez conseguida, ¡te garantiza la celebración de muchos aniversarios!; por el contrario, la cantidad te dura dos telediarios y ¿quiénes son sus mayores fans? los mercenarios, aquellos que carecen de ideario (y así no se aprende, de la vida, el temario).

Está claro que obviar la calidad es temerario porque al no tomar este CALCIO, te estarías convirtiendo en una suerte de capitán Garfio, irías manco por la vida porque te faltaría aquello que todo lo activa: las relaciones, el compromiso, la confianza, la credibilidad... todas estas palabras necesitan un apellido para destacar y éste no es otro que el de calidad. En modo capitán Garfio te quedas sin espacio para progresar: manco, malhumorado y no haciendo más que gritar, vivirías inmerso en el reino de la cantidad y durante el gobierno de la porción, se prohíbe toda noción de motivación, pues ahí lo estándar es la manipulación. ¿Recuerdas el tic-tac que sonaba cuando el cocodrilo, que se tragó su mano, a Garfio se acercaba? entonces el temible capitán se asustaba y se escondía, esto es lo que sucede cuando falta la calidad: la cosa se pone «jodía» y se instaura la cobardía cuando tomas consciencia de que no hay síntomas de mejoría.

Hoy en día, en el trabajo y en casa, se lleva ser multitasking (es decir, multitarea), pero cuando estás en 20 cosas a la vez, ¿de verdad te das cuenta de cuándo sube la marea? En modo «multi», la mente y el corazón se marean... Piensa en los niños, ¿qué es mejor: que desarrollen su valor y su creatividad, a través de temas concretos que le supongan retos o volverlos locos, a diario, con mil trabajos de cada materia? Lo primero supondría educar en la calidad y crear una nueva y mejorada realidad; lo segundo -lo que se hace en la actualidad- es educar en la cantidad, y así, desde luego, no se desarrolla la habilidad (ni mental, ni emocional, ni profesional ni humana).

Vivir en el reino de la cantidad es una barbaridad. Recuerda, ¡toma CALCIO! y si tienes prisa... vístete despacio.


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