martes, 18 diciembre 2018
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, última actualización

Ceniza

13 feb 2018 / 21:48 h - Actualizado: 13 feb 2018 / 21:50 h.

La espera comienza hoy mismo, embadurnando de ceniza el recuerdo y la memoria. Más allá de los tiempos del calendario litúrgico o de los pasos y ritos que marca la tradición cristiana, empieza un viaje incierto a nuestro interior mientras recobramos tantos mundos remotos.

Fuera es el ruido, la Semana Santa desmesurada y convertida en producto de consumo; esos dimes y diretes; los cabildeos y rumores; los inevitables alambres de una fiesta que en otro tiempo era el retrato de una felicidad plena. En los adentros comienza esa desazón conocida a la que esperamos con la paciencia de encontrar a un viejo amigo. Buscando el gozo, posiblemente, encontramos la melancolía, la angustia de rozar los paraísos perdidos.

Estos cuarenta días nos sitúan en un tiempo que nunca volverá: espiando el triunfo de la luz y las tardes tibias; sintiendo la ilusión; buscando al niño que fue que descubría, en una tarde remota de nubarrones grises, la ciudad entera y abierta para sus pasos menudos. Ese encuentro con la Semana Santa es también una cita con las manos que un día sostuvieron las nuestras; con las calles que hoyamos y aquellas casas –desorden y algarabía– en las que hoy reinan tantos silencios. Ése es uno de los secretos de la Semana Santa, convertida en la puerta de un altillo en el que habitan algunos miedos y demasiadas certezas.

El viaje empieza hoy y vamos a hacerlo juntos, poniendo al pie de las imágenes –y de Todo lo que representan– lo que nos dio y nos quitó la vida en el año que quedó atrás.


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