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La Tostá

Chiquetete nos deja más solos

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
17 dic 2018 / 08:05 h - Actualizado: 17 dic 2018 / 08:06 h.

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Sevilla se está quedando sin grandes figuras del cante flamenco. Chiquetete, dedicado también a la canción moderna, era un maestro del cante a su manera, con un sello único. En poco tiempo se han ido Chocolate, Naranjito, Lebrijano, Menese, Manuel Mairena, Paco Taranto, Miguel Vargas y algunos más. Curro Malena, Diego Clavel y Calixto Sánchez están retirados –el mairenero hace algunas cosas todavía, aunque pocas–, y los jóvenes que despuntan no son aún primeras figuras, aunque habría que hacer la salvedad de José Valencia.

Si exceptuamos a José el de la Tomasa, El Cabrero y El Chozas, podemos decir que nos hemos quedado cantaores de peso. Preocupante para una provincia que ha dado tantas primeras figuras en otras épocas, desde el Niño de Marchena a Antonio Mairena, sin olvidarnos de Manolo Caracol, Manuel Vallejo, Pepe Pinto y Tomás Pavón, entre otros, por no hacer la lista interminable. De las cantaoras podemos ocuparnos otro día, porque tampoco estamos para tirar cohetes en la tierra de la Niá de los Peines.

¿Se puede hacer algo al respecto? No se pueden fabricar cantaores de calidad, pero no estaría mal que el Ayuntamiento, la Federación de Peñas Flamencas o la Diputación promovieran algunas galas para que los sevillanos que cantan bien puedan ser escuchados y descubiertos. O un concurso de altura, algo. Mientras aquí languidece el cante, en Huelva no paran de salir nuevas figuras, por no hablar de Jerez de la Frontera o Chiclana.

Por otra parte valoramos poco a un maestro como José el de la Tomasa, la gran figura del cante sevillano, al que habría que mimar porque es ahora mismo, y desde hace años, quien representa el cante de la Alameda, su barrio, que es donde mejor se ha cantado en toda la historia de este arte, porque fue como el crisol donde se fundían todas las escuelas del cante de toda Andalucía. El maestro Tomasa es el digno heredero de ese maravilloso legado y está aún con la voz en magnífico estado y la cabeza bien amueblada.


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