viernes, 19 julio 2019
07:24
, última actualización

Cifuentes 1, Universidad 0

14 abr 2018 / 22:00 h - Actualizado: 14 abr 2018 / 22:00 h.

Para mí que lo peor del embuste en el currículum académico de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, es el descrédito de la Universidad Rey Juan Carlos (anda que tenía que llamarse Rey Juan Carlos precisamente), así que ya pueden apresurarse los responsables de la administración educativa a aclarar cómo es que se regalan los títulos a según qué alumnos en ese centro universitario de Madrid. Porque allí tienen matriculados a más de 45.000 estudiantes y vaya el ejemplo que les están dando.

Para mí que lo de menos es que un cargo público haya mentido e inflado su currículum, ya les digo, primero: porque no creo que a nadie le haga falta un máster en Derecho Público del Estado Autonómico para ser un buen gobernante (y si me apuran para ser nada); segundo: porque los másteres sólo son un invento sacadinero para entretener a la juventud más años hasta ver si se produce un milagro y en el mundo del futuro llega un momento en que no sea necesario trabajar para vivir; y tercero: ¿a quién puñetas le sorprende, escandaliza o espanta que un político mienta? Vamos, no me fastidien. Si no dicen una verdad ni aunque les pregunten por el nombre de sus padres.

El aspecto más oscuro de este asunto, ya sé que soy una descreída irrecuperable, lo encuentro yo en todos los que estaban en el ajo, profesores, superiores o empleados, en esa funcionaria-amiga-pelotillera del poder que cambió el no presentado por un notable siguiendo no entiendo qué dictado de la lealtad o la subordinación, ese dictado que está convirtiendo este país en el paraíso de los paniaguados y del clientelismo de toda estofa y condición. Mire una hacia donde mire, se encuentra con un mediocre con la barriga llena de favores y dispuesto a jurar que sus benefactores son la única alternativa posible para que esto siga funcionando. Dispuesto, claro, a suscribir lo que haga falta para que no se le acaben los beneficios de estar del lado conveniente.

Que conste que ni conozco ni me gusta ni me importa Cristina Cifuentes. Por mí como si la detienen por no tener el máster que dijo que tenía. Pero los rectores y empleados de esa Universidad que perpetraron esa falsificación y todos los conocedores del fraude yo creo que deberían irse a casa a la voz de ya. Bastante tenemos con las irregularidades que no podemos demostrar para que encima nos tengamos que tragar este amaño ilícito y flagrante.

Por eso, quien peor parada ha salido de este alboroto mediático no ha sido Cifuentes, que sigue sonriendo con su maquillaje y su tinte impecable y con la seguridad de que esto no es motivo para dimitir al menos mientras Rajoy no se dé por aludido, algo en lo que el presidente ha demostrado una pericia incuestionable. En mi humilde parecer, ha sido la Universidad Rey Juan Carlos la que ha resultado herida de gravedad, y por extensión la institución universitaria española, que no es que ocupara precisamente los primeros puestos del ránking mundial.

Desde siempre profeso un enorme respeto por la institución universitaria y creo que ir a la Universidad es mucho más que estudiar. Confío en que la banalización espiritual que nos invade tarde mucho en anidar en las aulas que muchos hemos pisado como un privilegio impagable. Por eso reclamo tolerancia cero con los chanchullos en el ámbito universitario, que antes que nada debe ser fortaleza de la independencia y la libertad.

Para mí que lo peor del embuste en el currículum académico de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, es el descrédito de la Universidad Rey Juan Carlos (anda que tenía que llamarse Rey Juan Carlos precisamente), así que ya pueden apresurarse los responsables de la administración educativa a aclarar cómo es que se regalan los títulos a según qué alumnos en ese centro universitario de Madrid. Porque allí tienen matriculados a más de 45.000 estudiantes y vaya el ejemplo que les están dando.

Para mí que lo de menos es que un cargo público haya mentido e inflado su currículum, ya les digo, primero: porque no creo que a nadie le haga falta un máster en Derecho Público del Estado Autonómico para ser un buen gobernante (y si me apuran para ser nada); segundo: porque los másteres sólo son un invento sacadinero para entretener a la juventud más años hasta ver si se produce un milagro y en el mundo del futuro llega un momento en que no sea necesario trabajar para vivir; y tercero: ¿a quién puñetas le sorprende, escandaliza o espanta que un político mienta? Vamos, no me fastidien. Si no dicen una verdad ni aunque les pregunten por el nombre de sus padres.

El aspecto más oscuro de este asunto, ya sé que soy una descreída irrecuperable, lo encuentro yo en todos los que estaban en el ajo, profesores, superiores o empleados, en esa funcionaria-amiga-pelotillera del poder que cambió el no presentado por un notable siguiendo no entiendo qué dictado de la lealtad o la subordinación, ese dictado que está convirtiendo este país en el paraíso de los paniaguados y del clientelismo de toda estofa y condición. Mire una hacia donde mire, se encuentra con un mediocre con la barriga llena de favores y dispuesto a jurar que sus benefactores son la única alternativa posible para que esto siga funcionando. Dispuesto, claro, a suscribir lo que haga falta para que no se le acaben los beneficios de estar del lado conveniente.

Que conste que ni conozco ni me gusta ni me importa Cristina Cifuentes. Por mí como si la detienen por no tener el máster que dijo que tenía. Pero los rectores y empleados de esa Universidad que perpetraron esa falsificación y todos los conocedores del fraude yo creo que deberían irse a casa a la voz de ya. Bastante tenemos con las irregularidades que no podemos demostrar para que encima nos tengamos que tragar este amaño ilícito y flagrante.

Por eso, quien peor parada ha salido de este alboroto mediático no ha sido Cifuentes, que sigue sonriendo con su maquillaje y su tinte impecable y con la seguridad de que esto no es motivo para dimitir al menos mientras Rajoy no se dé por aludido, algo en lo que el presidente ha demostrado una pericia incuestionable. En mi humilde parecer, ha sido la Universidad Rey Juan Carlos la que ha resultado herida de gravedad, y por extensión la institución universitaria española, que no es que ocupara precisamente los primeros puestos del ránking mundial.

Desde siempre profeso un enorme respeto por la institución universitaria y creo que ir a la Universidad es mucho más que estudiar. Confío en que la banalización espiritual que nos invade tarde mucho en anidar en las aulas que muchos hemos pisado como un privilegio impagable. Por eso reclamo tolerancia cero con los chanchullos en el ámbito universitario, que antes que nada debe ser fortaleza de la independencia y la libertad.


  • 1