miércoles, 12 diciembre 2018
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Ciudadanos en las calles

05 dic 2018 / 06:43 h - Actualizado: 04 dic 2018 / 13:45 h.

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Esto está aún peor que antes de las elecciones andaluzas. Me refiero al clima político. Miles de personas se han echado a la calle a parar el fascismo, como si ya gobernara en Andalucía. Se han tirado a las calles a protestar por esos cuatrocientos mil votos que ha obtenido Vox, de cuatrocientos mil andaluces descontentos con lo que hay y ha habido estas últimas décadas. Se supone que estamos en una democracia y que son los ciudadanos los que decidimos qué gobernantes queremos o qué modelo de sociedad.

Los andaluces no le han dado la posibilidad a Vox de que pueda gobernar, solo de estar en el Parlamento de Andalucía con los demás partidos, dos de ellos, Partido Popular y Ciudadanos, de derechas pero constitucionalistas. Es que se trata de eso, porque la sociedad es diversa y hay ciudadanos de todas las tendencias ideológicas. Sé que hay cientos de miles de personas que no han votado al partido de Santiago Abascal por coherencia o prejuicios, o por miedo, pero que están de acuerdo con muchas de las cosas que dicen que van a hacer.

No aceptar unos resultados en las urnas es un claro signo de inmadurez democrática y esto tiene un enorme peligro. En España sabemos bastante de esto y aún no hemos pasado página de lo que ocurrió hace más de ochenta años. Es más, estamos aún con ganas de ajustar cuentas y de meter en una nueva guerra a millones de jóvenes que hasta ahora les importaba un pimiento el franquismo y que apenas sabían lo que era la ultraderecha. Los de mi generación sí lo sabemos porque la sufrimos y, hablo por mí, defenderemos lo que tanto nos costó conseguir, la libertad, la democracia y la justicia social que disfrutamos, con uñas y dientes, si estuviera en peligro.

Jamás voy a echarme a la calle a protestar por lo que los ciudadanos andaluces han decidido en total libertad. Aunque no me guste, que no me gusta nada. Ni voy a decir que tenemos lo que nos merecemos, porque merecemos algo mejor y casi lo hemos rozado con la punta de los dedos.


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