lunes, 20 mayo 2019
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Como la anémona y el pez payaso

María Graciani m_graciani /
27 ene 2019 / 06:00 h - Actualizado: 27 ene 2019 / 06:00 h.
  • Como la anémona y el pez payaso

La naturaleza es asombrosa y, si la observamos con la debida atención, extraeremos lecciones que nos permitiran mejorar las cosas. Ayer ví un documental sobre el océano en el National Geographic, en concreto sobre la curiosa relación entre la anémona y el pez payaso. ¿Recuerdas a Nemo? él era un pez payaso, caracterizado por sus llamativos colores, pues Nemo y su familia viven protegidos de los depredadores entre las venenosas anémonas y, a cambio, ellos atraen a suculentas presas hacia sus mortales tentáculos. Este tipo de relación es lo que se conoce como mutualismo, esto es, ambos podrían sobrevivir sin el otro pero, sin duda, se trataría de una existencia mucho más complicada, su colaboración, por tanto, les facilita la existencia y beneficia a ambas partes.

Simplificando

Si "humanizáramos" a la anémona y al pez payaso, probablemente estarían sujetos al ego, a la desconfianza, al orgullo y a todo ese catálogo de sentimientos (no demasiado aconsejables) tan propios de las personas, es decir, si la anémona fuera humana, sabiendo que el pez payaso no es indispensable para su supervivencia, podría pensar: "éste es un parásito, no lo necesito, puedo vivir sin él", y el pez payaso podría argumentar: "sin problema, soy perfectamente capaz de sobrevivir sin su ayuda" y ambos sobrevivirían pero, sin la ayuda del otro, se habrían complicado tremendamente la existencia... ¡con lo productivo y maravilloso que resulta simplificar!

Simplificar significa literalmente "hacer más sencillo", ¿recuerdas cuando nos enseñaron a simplificar fracciones en el colegio? Las fracciones 24285120/48570240 y 1/2 representan el mismo número (0,5) se puede operar con ambas fracciones pero es infinitamente más operativo, útil y ágil trabajar con 1/2 que con 24285120/48570240 ¿no te parece?

Cuando simplificamos dejamos atrás el artificio, el relleno y nos quedamos con lo que importa de verdad: la esencia, lo indispensable, lo que verdaderamente aporta... Entonces, ¿por qué muchas veces nos empeñamos en seguir operando con 24285120/48570240?

Jugando al disimule y despistando al cambio

A ver, ¿qué pasa cuando el filete no sale cómo esperábamos? pues que pretendemos disimular el sabor a base de echarle salsa, ¡ahí, mojo picón a tutiplén! y así, por lo menos, estará comible, vaya, que comemos pero no lo disfrutamos. Esa salsa es como la fracción 24285120/48570240, si las usas es para distraer la atención, para disimular, porque, por algún motivo, no interesa que se vea lo que hay detrás y lo escondemos tras una cortina de complicaciones. Simplificar suele ayudar a vislumbrar la solución al problema pero, en no pocas ocasiones, esa solución pasa por hacer algún cambio y eso es algo que parece que nos cuesta porque supone admitir que no somos infalibles, que nos hemos equivocado en algún punto, que necesitamos ayuda, que para mejorar necesitamos de otros...

Ya nos lo advertía Marco Aurelio, el General romano que llegó a Emperador: "Pues hemos nacido para colaborar, igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes superiores e inferiores. Obrar pues como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza". Al pez payaso y a la anémona les va muy bien, puede que estés contento con tu 80 pero, si pruebas los maravillosos efectos de la colaboración, alcanzarás el 100 (y no llegarás con la lengua fuera).


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