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La Tostá

Con El Manriqueño en Colina

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
15 feb 2019 / 07:12 h - Actualizado: 14 feb 2019 / 17:13 h.

No paro de descubrir bares, tabernas y restaurantes de La Puebla del Río, donde vivo desde hace solo dos meses. Ayer mismo fui a Colina, de donde es natural la cantaora de sevillanas María de la Colina, para tomar una cerveza y me vi en el interior de un restaurante llamado El Manriqueño, del que me habían hablado maravillas días antes. Un hombre joven me empezó a contar por encima la historia del local y me interesó aquel manriqueño que se vino un día a esa especie de aldea de La Puebla, parecida a Cuatro Vientos, el lugar de Palomares del Río donde me crié. Colina son unas cuantas casas rodeadas de pinos camino de Aznalcázar en donde hay varios restaurantes. Juan Díaz, de Los Romeros, tuvo allí una casa de campo en la que pintaba sus cuadros, una especie de retiro a ratos para reflexionar también sobre las cosas de la vida que le interesaban. Colina es una maravilla y se come de escándalo. El Manriqueño, hijo de aquel que llegó a este lugar hace muchos años, es un señor atento que tiene una mano para cocinar que dan ganas de adoptarlo. Su hijo es prácticamente el que lleva el restaurante y tiene habilidad para estar detrás de una barra. Vas a probar unas tapitas y cuando te ve que ya vas con ganas de reposar la comida debajo de algún pino de la Cañada de los Pájaros te pone un plato de garbanzos con tagarninas, chorizo y morcilla, que está para cantarle por soleares, y al final te enredas. Pechuga de pato marinada, carne de venado sancochada y garbanzos, una mezcla que ni pintada para hablarle de tú al mismísimo Dios. El restaurante tiene la taberna a la entrada, decorada con fotografías de caballos, aperos y antigüedades, desde máquinas de coser hasta planchas o chivatas. Luego hay dos salones estupendos para poder almorzar, que nada más entrar adivinas que el plato estrella es el pato con arroz, sin duda el mejor de Andalucía, dicho por los mejores devoradores de pato de la zona. Ayer, además, el sol brillaba como una pepita de oro en una montaña y la temperatura era ideal para tomar cervezas y vino.


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