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¿Conspiranoica yo?

Las teorías de la conspiración constituyen una fábula extendida mundialmente, pero las explicaciones científicas de dicho fenómeno tampoco son muy clarificadoras

16 sep 2017 / 22:59 h - Actualizado: 16 sep 2017 / 23:00 h.
  • ¿Conspiranoica yo?

En un canal de los incluidos en las plataformas de televisión de pago ponen continuamente programas relacionados con historias basadas en argumentos pseudocientíficos y en todo caso sin base demostrable. Deben tener mucha aceptación esos temas, porque ocupan muchas horas de la programación. Hay una serie especialmente insistente que se empeña en relacionar todos los acontecimientos de la antigüedad y todos los saltos evolutivos del hombre con la intervención de seres extraterrestres, que ellos llaman los alienígenas ancestrales. Tiene su gracia, porque muestra a los concienzudos investigadores defendiendo las más peregrinas tesis con pretensiones academicistas pero sin ninguna prueba científica.

Existen numerosas y recurrentes teorías de la conspiración que internet ha contribuido a extender por todo el mundo: desde los alienígenas que fueron capturados, recluidos y estudiados secretamente en el desierto de Nevada, en la famosa base militar área 51, hasta el complot en torno al asesinato de Kennedy, pasando por las fumigaciones con agentes químicos por los aviones a reacción y hasta la implicación de los servicios secretos estadounidenses en los atentados contra las torres gemelas de Nueva York. Estas fantasías adquieren carta de naturaleza en el momento en que se divulgan masivamente e incluso ocupan, como en el caso del fenómeno extraterrestre, espacios especialmente reservados en los medios de comunicación.

Particularmente debería confesar antes que nada que me resultan muy interesantes y entretenidas estas ficciones sobre teorías conspiranoicas, y que no me cabe duda de que son un argumento literario y cinematográfico de primer nivel. Será por ello que siento curiosidad en relación con el origen de estas leyendas (ya no son urbanas, sino globales) y que movida por este interés di con un artículo sobre los mecanismos por los que los grupos humanos terminan aceptando y defendiendo como ciertos algunos mitos o falacias sin fundamento racional. Publicado originalmente en inglés en una web divulgativa, el artículo de un experto en comunicación fue recogido por un periódico nacional el mes pasado. En resumidas cuentas, el autor viene a decir que los seres humanos tenemos una inclinación natural a reconocer patrones (como las constelaciones o las formas de las nubes) donde en realidad no los hay, y que los especialistas en psicología social aseguran que para acabar con esa tendencia tan extendida es imprescindible que los individuos adquieran mediante la educación la capacidad de evaluar críticamente las afirmaciones e informaciones que se divulgan.

Modestamente me permitiría decir que no es cuestión de más educación, sino del tipo de educación recibida, porque la gran mayoría de los comunicadores que impulsan estos programas y divulgan teorías conspiranoicas son personas sobradamente cultivadas, profesores, periodistas o científicos que se han pasado al lado oscuro. Lo que más llama mi atención respecto a todo este mundillo de apasionados por los contactos con alienígenas, por los contubernios del poder en la sombra y sus secretísimos planes para someter a la humanidad y huir del planeta cuando se produzca el apocalipsis (que ellos ya saben cuándo será) es que tiene a Estados Unidos como base de operaciones y como interlocutor válido para todo lo que sea que esté pasando o vaya a pasar a escala global.

Pues bien. Lo que me atrevo a sugerir a los expertos es que presten atención: si es en EEUU donde se cuecen todas estas teorías, por algo será. Por la industria del cine, por la cultura, por el sueño americano, por los lobbies, por los amigos del rifle, por la política que hacen? que lo averigüen. No sea que al final haya algo oculto detrás de que hayan votado a ese presidente.


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