miércoles, 18 julio 2018
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Corza-zón de Jesús

09 jun 2018 / 23:32 h - Actualizado: 09 jun 2018 / 23:33 h.

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Todos los ojos están puestos en el barrio de Nervión, donde esta tarde uno de los Cristos más hermosos saldrá en procesión bendiciendo y enseñándonos el camino que lleva a la Verdad y la Vida. Allí, la cofradía prepara un cortejo que siempre sorprende y siempre recuerda a esas otras tardes de junio en las que, bajo el calor ya establecido, fuimos a la Gran Plaza, en otro tiempo círculo terrizo, a ver al Señor recorriendo un barrio que ya era suyo antes de nacer desde la escultura monumental de la torre parroquial de la Concepción Inmaculada.

Allí, la devoción de aquellos Jesuitas que lo elevaban a culto local en la iglesia de la calle Jesús del Gran Poder, a su nombre dedicada, parece reverdecer mientras en las Salesas se apaga la luz que ha encendido la Novena celebrada en su honor hasta el pasado viernes en recuerdo de las revelaciones de Santa Margarita María de Alacoque. Ayer pusimos en el calendario la fiesta del Inmaculado Corazón de María, del que en Heliópolis y en Torreblanca se honran en tenerlo por patrón y a la Virgen ofrecen su amor en dos lugares tan distantes en lo social y lo geográfico, pero el alado corazón de María, su Amparo maternal, se encuentra siempre allá donde vayamos.

Cada año que pasa, la solemnidad del corazón de Jesús, que es el broche de un largo ciclo que empezó con la cuaresma, es mejor celebrada, y deja atrás esos estigmas de un pasado en que la propia devoción, más allá de la solemnidad, evocaba una visión de la vida y del país que a muchos acabó apartando del Cristo bendiciendo que reinaría en España. Ahora, afortunadamente, brota de nuevo su fervor y se asienta en aquellos barrios en los que, superando los antiguos lastres, es signo de evangelización, uniendo los tradicionales cauces pastorales y la siempre pujante religiosidad popular.

En el barrio de la Corza, donde ya hasta Navarro Arteaga tiene una imagen en la titular de la parroquia de Nuestra Señora del Reposo, el joven sacerdote don Alfredo Morilla, cofrade del Cerro y de la Amargura, ha convertido la antigua procesión del Sagrado Corazón, de la cual se conservaba hasta el viejo y sencillo paso (en el que salió en 1960 por primera vez San José Obrero, echen ustedes sus cuentas) en una fiesta vecinal en la que todos tienen su sitio. El pasado 12 de mayo la puso en la calle a los sones de Santa Cecilia, después de un triduo predicado por presbíteros de toda la diócesis. Se procesiona en torno a las primeras comuniones del barrio, pero es momento ahora de recordarlo, para decirle a todos aquellos que consideran que esta devoción no tiene hueco en la actualidad lo que aprendimos de pequeños: Detente, el corazón de Jesús (en la Corza y en toda Sevilla) está conmigo.


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