viernes, 16 noviembre 2018
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Cuando hasta Instagram es TV

05 jul 2018 / 23:30 h - Actualizado: 05 jul 2018 / 23:32 h.

Instagram, la plataforma digital más utilizada por los jóvenes españoles de 16 a 23 años, para el consumo audiovisual y como red social, desde primeros de julio ha lanzado a nivel mundial Instagram TV. Mediante aplicaciones gratuitas para los principales sistemas operativos en los dispositivos móviles (Android de Google e iOS de Apple), en el denominado Instagram TV se pueden ya ver videos de hasta una hora de duración. O crearlos y subirlos a internet para lograr espectadores. 60 minutos es el lapso de tiempo más frecuente en los formatos televisivos, ya sean de entretenimiento o de información. Obviamente, Instagram no es la BBC. Pero, como cualquier herramienta tecnológica de comunicación, puede ser utilizada para difundir un video sobre una pandilla haciendo el ganso, o sobre una conferencia del Nobel Mario Vargas Llosa en la Feria del Libro, o sobre un partido de waterpolo femenino, o para propagar el ‘karaoke’ de una boda con la gente pasada de rosca, o sobre los testimonios de extranjeros que hacen cola para tramitar permisos de residencia en España, o para enseñar musculatura y tatuajes desde una playa imitando a los personajes horteras, o sobre la robótica utilizada de modo encomiable para mejor la sociabilidad de los autistas, o sobre los estafados por iDental.

La radio ya es en color, tiene página web con noticias de texto y foto, emite anuncios en video y televisa en directo algunas entrevistas como las que hacen Carlos Alsina, Pepa Bueno y Carlos Herrera a las nueve de la mañana. Cualquier periódico nacido sobre el papel y para los quioscos, ya sea de Madrid, del Aljarafe o del Pirineo aragonés, ahora también puede conectarse a señales televisivas de instituciones como el Congreso de los Diputados y emitir total o parcialmente un debate parlamentario, o la comparecencia de expertos en la comisión sobre el futuro de las pensiones. Opciones antaño imposibles e inimaginables para quien no fuera un potentado capitalino. Y puede optar por llenar muchas horas de programación eligiendo entre millones de videos, documentales, cortometrajes y otros audiovisuales que están en internet y son de uso libre mediante licencia Creative Commons. O caracterizarse por darle bola días y noches al camelo de los videntes y el tarot.

Ni el Gobierno militar de Tailandia puede regular con una resolución administrativa la difusión y seguimiento mediático de todo lo concerniente con el dramático rescate de 12 niños en una anegada gruta de 10 kilómetros de longitud. Un hecho que va a ser de lo que más interese en los próximos días no solo en Chiang Rai y Bangkok sino también tanto a los habitantes de Manhattan como a los de Triana.

Estas son algunas coordenadas del universo local y global de la experiencia televisiva. En pantallas grandes o pequeñas. Hasta el infinito y más allá. Con cámaras 4K o con banda ancha para móviles 5G. Con o sin Amazon TV. Con o sin Facebook Live. Este es el mundo de hoy y el de mañana. En Sevilla o en Madagascar. Sin embargo, en la capital de Andalucía, la continuidad en el ejercicio de su profesión de los periodistas que trabajan para El Correo TV (tanto los que tienen empleo fijo como los colaboradores) está en serio riesgo por un contencioso administrativo, político y empresarial cuyas reglas se basan en un modelo anacrónico, del siglo pasado, para la concesión y comercialización de licencias de cobertura local-comarcal compartimentadas en el espectro de la televisión digital terrestre.

Las principales víctimas de este berenjenal son los periodistas. Y el debate crucial que no se afronta bien es cómo, en la Sociedad de la Información, se ha de valorar como un bien común el ejercicio profesional del Periodismo. Cuyo bombeo de oxígeno es tanto o más necesario que el de la arboleda de los parques naturales para que la ciudadanía no enferme contaminada bajo la apoteosis de la producción de propaganda, falsedades y sucedáneos. Los periodistas que intentan ganarse dignamente la vida mediante el sobreesfuerzo de hacer periodismo de calidad lo tienen mucho más difícil para sobrevivir que los linces merodeando una carretera con coches por encima del límite de velocidad.

Ojalá el sábado 15 de diciembre de este año, cuando en el Teatro de la Maestranza tenga lugar la gala de entrega de los Premios de la Academia del Cine Europeo, ante la espectacular concentración de estrellas en la alfombra roja no solo haya fans grabando a sus ídolos para compartirlo por Instagram TV, sino también los periodistas de El Correo TV trabajando y emitiendo. Y quien contrate anunciarse para publicitar a su empresa o su marca, tendrá espectadores de televisor, de ordenador o de móvil cerca de la Torre del Oro, o de los Campos Elíseos o de la Puerta de Brandenburgo. Aunque la licencia gubernativa le ponga puertas al campo. Y aunque la mayor parte de la población ya no se sienta en el sofá a ver la tele como en la época de la carta de ajuste.


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