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Viéndolas venir

Cuñadismo

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
21 feb 2019 / 08:06 h - Actualizado: 21 feb 2019 / 13:41 h.
  • Cuñadismo

Como la semana de la mujer da para tanto, una asociación cultural de jóvenes de mi pueblo, El Vivero, ha organizado un taller titulado Cómo no ser un cuñao, que versará sobre el postmachismo de esta postverdad en la que nadie es machista mientras no haya que demostrarlo, porque el machista actual no da voces ni empujones, sino lecciones, sobre todo a las mujeres que denuncian, porque están muy subiditas con el maltrato, y a las que no denuncian, porque aguantan porque quieren. El cuñao de pata negra, el que tiene llaves que todo lo abren y todo lo cierran, como el sereno, tiene siempre soluciones a manos llenas, aunque ajenas, porque de lo suyo mejor hablamos otro día, y no solo en asuntos de igualdad, aunque ese temita se lo tiene aprendido y, como en tantos otros, suele humedecerse los labios con una sonrisa estúpida y comenzar con la fórmula “No, verás, te explico...”.

El cuñao auténtico prolifera que da escalofríos, porque siempre vuelve cuando tú vas, siempre se calla cuando tú hablas, siempre sonríe cuando los demás nos asombramos razonadamente. Da igual por qué. Si tiene gafas, se las sube suavemente antes de lanzar su perorata. Si no tiene, hace un gesto estudiado con la mano. Suele generarse sus propios silencios para sentar cátedra, suele subrayarse su cátedra con sus propios silencios. Todos conocemos a unos cuantos, o cuantas, y los sufrimos como dicen que se sufren las hemorroides. Pero sería más saludable, más responsable, decirles un día que se callen como le dijo aquel rey a Chávez.

Como el cuñao aborigen es maestro liendres, deberíamos exterminarlo para que puedan ejercer su trabajo el árbitro, el médico, el maestro, el arquitecto, el policía, el camarero y hasta el presidente del gobierno. El cuñadismo en general y el cuñadismo ibérico en particular, al que siempre le gusta matizar que no es de izquierdas ni de derechas, trabajan a diario sin salir de los bares. Tal vez por eso es inextinguible, porque nos lo dan con sopa, así que luego no deberíamos sorprendernos del cuñadismo en forma de gases que todos y todas llevamos dentro.


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