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Del «no mientas, cariño» al «sí, cielo»

18 may 2017 / 15:19 h - Actualizado: 18 may 2017 / 22:32 h.
  • Del «no mientas, cariño» al «sí, cielo»

Fue a Tierno-Galván al que aislaron en la cabina de un ascensor hasta que cambió su voto en un Congreso Federal del PSOE. El que fuera alcalde de Madrid padecía claustrofobia y no tardó en «reflexionar».

La izquierda se ha fagocitado cíclicamente en España. Primero fueron Largo Caballero y Prieto y así nos fue a todos. Y después lo culminó Besteiro, que nunca entendí la pasión de Alfonso Guerra por él. Debe ser porque El Canijo perduró frente a las traiciones y éstas solo se entienden desde la memoria de las cicatrices en su padecimiento.

Prieto, no contento con el exilio que describiera María Zambrano, expulsó del PSOE a Negrín, eminente fisiólogo que fue maestro de quien sería Nobel de Medicina, y que sufriera las postulaciones de la carne en forma de poder.

El comunismo no fue ajeno tampoco, de la mano de Pasionaria y los siete enanitos como los llamara Vázquez Montalbán, ebrio de los laberintos de esa Barcelona de los prodigios, donde yo mismo compartiera vecindad con Colau durante siete años amarillos.

Quién no recuerda el destino de los enemigos de Santiago Carrillo, el único comunista que prefirió exiliarse en la intermitente lluvia de París y no en las estepas heladas de la URSS donde otros –como Pepe Díaz– fueron a morir.

Carrillo se impuso laminando, entre otros, a Semprún que sobrevivió al campo de concentración de Buchenwald, claudicando empero ante aquel. La izquierda no tolera la apostasía de la resistencia.

El PSOE vive un ejercicio que parece diseñado por la derecha. Las primarias ocultan los escándalos de una justicia que hiede y que no puede competir con las expulsiones que se avecinan en ese reality.

El domingo por la noche no habrá cuchillos largos pero sí espera un largo amanecer. El «no mientas, cariño» es la forma en que el poder responde al rebelde, pero el «sí, cielo» es la sumisión que aguarda al halo del triunfador.

En un país en que acompañamos de forma estridente los asesinatos mediáticos que tanto gustan en Madrid; tal vez deberíamos mirar este espectáculo desde la relatividad del Sur. Los mártires de la impunidad solo descubren esto en una orilla en los aires difíciles escuchando a Schonberg o leyendo a Cioran, cuando el tiempo nos alcanza. Y es que hay que practicar el arte de dejar que las cosas sucedan. Y como la humillación es una fuerza creativa, viva el amor libre y viva la libertad.


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