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La vida del revés

Diario de una investidura (I)

22 jul 2019 / 16:28 h - Actualizado: 23 jul 2019 / 07:12 h.
  • Pedro Sánchez, en el debate de investidura en el Congreso. / EMILIO NARANJO (EFE)
    Pedro Sánchez, en el debate de investidura en el Congreso. / EMILIO NARANJO (EFE)

Pablo, querido, que lo que nos une es la promesa de la izquierda. Qué bonito y qué poético se nos pone Pedro Sánchez en ocasiones. Pero que estéril. De momento.

A los catalanes ni caso. Y se enfadan diciendo que debe ser que Cataluña ya no es España porque Pedro Sánchez no les menciona. Lo ha dicho Laura Borràs de JxCat. ¿Han escuchado ustedes si Sánchez se refería a Andalucía o a Galicia o a Cantabria? Claro que no. Y los españoles no nos preguntamos si somos parte de España. Lo somos. Lo que sucede es que no sentimos la necesidad de ser especiales o que hablen de nosotros como si fuéramos los únicos. Resulta muy pesado todo esto del independentismo. Además, el mensaje puede ser otro: No voy a depender de vosotros, amiguitos. Sánchez es más listo de lo que parece y su equipo es extraordinario cuando tiene que manejar material propagandístico. Con esto obliga a que Casado y Rivera tengan que medir las palabras en sus discursos.

Nada nuevo, ninguna sorpresa. Y la sensación de fracaso que llega en silencio, amenazadora. Porque, sea como sea que acaben las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos, lo cierto es que se está intentando aprobar un examen estudiando el día de antes. Se han perdido cerca de 100 días y, ahora, se quieren encontrar soluciones para el empleo de millones de personas desesperadas, para el desarrollo tecnológico descontrolado que pide a gritos una regulación adecuada, para que las viviendas sean accesibles para decenas de miles de jóvenes que desean emanciparse. Se buscan soluciones para solventar un problema brutal enquistado en Cataluña y en País Vasco que existe y que Sánchez intuye que será su prueba de fuego si llega a ser presidente aunque no lo mencione en su discurso. El cambio climático se nos echa encima y nuestros políticos buscan acuerdos que nos permitan paliar los efectos terribles de un cambio que afectará al planeta entero. Las mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas o ex parejas y son el resultado de un problema estructural que impide una convivencia plena e igualitaria entre hombres y mujeres; las mujeres siguen muriendo y estos sujetos se sientan casi 100 días después para hablar de sus cositas, de sus sillones, de sus intereses partidistas y personales. Y el resultado es un discurso de investidura en el que se habla de todo y no se dice casi nada.

Todo lo que estamos viviendo; incluido este debate de investidura vacío y, tal vez fallido; no nos lo merecemos los españoles. Es una falta de decoro profesional nunca antes visto, una falta de respeto al pueblo español inaceptable.

Esto está empezando mal y tiene pinta de acabar mucho peor.

Pedro Sánchez se ha metido en una ratonera sin salida y Pablo Iglesias le ha robado la cartera estos últimos días. Le saca ventaja y Sánchez lo intenta solucionar con bloqueos y soberbia política que suele salir cara. Y es que intentar pactar con alguien que está enfrente en asuntos de considerable importancia es mala cosa.

¿Está dispuesto Sánchez a encontrarse una mañana con un ministro vestido con su chándal nuevo? Claro que no. ¿Está dispuesto Sánchez a batallar con su socio cuando los independentistas alcen la voz? Aplicar el artículo 155 de la Constitución sería un desastre teniendo dentro del Gobierno elementos contrarios. Y ese artículo se tendrá que aplicar de nuevo. ¿Se puede acordar algo con el que no se fía de ti? En fin, la lista es larga y aburrida. Sirvan estos ejemplos para ilustrar la idea.

Todo esto apesta a fracaso. Los halcones de la derecha ya vigilan y disfrutan del panorama que vivimos en España. Sánchez les ruega una abstención. Pero todo indica que está condenado a salir solito de la ratonera. De la mano de Iglesias.


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