viernes, 24 noviembre 2017
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Dios merece la pena

Pocas veces se apuesta por hablar de dedicación, esfuerzo, compromiso, oración, formación en el corazón de las cofradías. Sólo se venden los dimes y los diretes

12 feb 2017 / 04:00 h - Actualizado: 11 feb 2017 / 20:14 h.

Será nada más que un dato, un número frío, una porción de estadística, pero lo voy a repetir para sentir la satisfacción de contar que en el mundo hay personas muy buenas, que cada mañana abren, además de los ojos, sus corazones al mundo. Dice el informe de la caridad en las Hermandades que nuestras cofradías aportaron para estos fines 5,6 millones de euros en 2016. La cifra supone un aumento del 24% con respecto a los últimos datos de 2014. Más gasto, mucho más, en caridad. Y sigue creciendo la apuesta de las Hermandades por el prójimo. La rutina de estos números que recopila con ahinco Ignacio Valduérteles esconde una vocación de servicio a los demás muy desarrollada en colectivos que no buscan más recompensa que la sonrisa de Dios.

Es corriente que subrayemos las maldades de las cofradías, las puñaladas entre sus miembros, los enfrentamientos, las maniobras y las peleas. Tenemos esa tendencia a cantar lo negativo, a recrearnos en los dimes, en los diretes, en la burla incluso. Y es verdad que las miserias existen en todos los grupos. Pero nunca decidimos hablar de dedicación, esfuerzo, entrega, hermandad, oración, formación, patrimonio, culto y un sinfín de argumentos que podrían demostrar todo lo que se hace a diario por motivos sanos y fines nobles en las sedes de nuestras cofradías, un rosario de servicios y actuaciones encaminadas a dar buena cuenta del compromiso con la fe. Esto no vende, no hay lugar para aplaudirlo.

Ahora mismo, en este preciso momento, hay personas trabajando en cualquier Hermandad para que el resto de hermanos disfruten, para que muchos necesitados sientan en el cuerpo maltrecho un poco de calor, para que la ciudad vuelva a poner en la calle su identidad, su manera de ver el mundo. Hay gente que le está quitando horas a su familia, a sus aficiones y a su descanso. Todo por los demás y por esos titulares que les ayudan a tener la eternidad más cerca. Hay personas en este momento soñando para que tú vivas una realidad. Pero no tienen huecos en los periódicos ni en los programas, no hay secciones en las que encajar tanta bondad, tan natural, tan cierta. Por supuesto en los comentarios de las barras de los bares tampoco encuentran acomodo.

¿Y si nos fijamos en ellos? ¿Y si seguimos el ejemplo de aquellos que critican poco y hacen mucho? ¿Y si reconocemos que son esas personas las que aciertan, que son mejores? Echemos una mano a los fríos números de los informes y a esos hermanos que cada día piensan en el otro. Son ellos los que ganan el cielo, los que siempre se ofrecen a cambio de nada. Ellos saben que Dios merece la pena .


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