domingo, 15 julio 2018
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Alguien tenía que decirlo

¿Dónde está el Sevilla?

22 abr 2018 / 00:20 h - Actualizado: 22 abr 2018 / 10:48 h.

El 21 de abril de 2018 quedará marcado para siempre como una de las fechas más vergonzosas de la historia del Sevilla Fútbol Club. Lo que pudo ser una final fantástica terminó como un bochorno lamentable. El excelso talento exhibido por el Barça y la inexplicable actitud del Sevilla deparó una venganza a lo bestia de aquel repaso de los andaluces a los catalanes en Mónaco en 2006. Si pretendes ganarle al Barça una final sin atreverte a hacer faltas (ya con 0-3 sí), con menos intensidad que la mínima exigible, con una forma de atacar que por momentos dio risa y con nula capacidad de reacción es que el Sevilla tiene un cáncer gravísimo que hay que extirpar.

El gran Sevilla se está yendo por el desagüe y ayer, en el día clave, fue desnudado por la realidad. Todos sus defectos aparecieron de golpe: falta de espíritu ganador, delanteros de mentira, otro error en la portería, un solo recurso táctico en la pizarra y desmoronamiento general ante Messi, Iniesta, Luis Suárez y compañía. Tremendo guantazo para los que mandan en el club, encabezados por un José Castro al que gran parte de la hinchada (en pie, por favor) le pidió su dimisión. Ni Montella ni Arias. El presidente. La cosa es grave y ya sabemos cómo acabará todo: con el entrenador y el director deportivo recogiendo sus cosas en una caja.

Los jugadores pidiendo perdón al final del partido y siendo abucheados por el sevillismo en toda una final es algo histórico (ya lo fueron al saltar al campo tras el descanso). «El Sevilla somos nosotros», le gritaban 25.000 a 18. El escudo del Sevilla Fútbol Club, ese que recogieron del suelo de Madrid 25.000 y que sostienen decenas de miles más en muchos rincones del planeta, es tan poderoso que, haciendo un plan tan desastroso como el de este año (y carísimo) ha llegado a los cuartos de la Champions y a la final de la Copa. Hagan borrón y cuenta nueva y encuentren al Sevilla entre todos, porque alguien se lo ha llevado.


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