domingo, 15 septiembre 2019
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El árbol silenciado

24 ago 2018 / 19:56 h - Actualizado: 24 ago 2018 / 19:57 h.

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Duele y mucho ver un alcorque vacío, donde ayer hubo un árbol. Es incomprensible la tala masiva y salvaje a la que los ojos y los pulmones de esta ciudad se están acostumbrando sin posibilidad alguna de remisión, salvo el derecho al pataleo, y es incomprensible que no se fomente el verde como sustituto natural a la calor característica de esta ciudad.

«No queremos una ciudad sin sombra, sin verde y sin árboles, carente de vida y de memoria», reza el manifiesto que una veintena de entidades, organizaciones y partidos de Sevilla han impulsado por la defensa del arbolado y del patrimonio verde de la ciudad.

En esta ciudad la memoria siempre está a la sombra de los recuerdos, bajo los centenarios ficus de la plaza Cristo de Burgos, los altivos álamos del bulevar de la Alameda, el inmenso laurel de indias de la Pila del Pato o las jacarandas que ensucian los coches, ¿qué diría Cernuda, que veía a Sevilla en un magnolio, de la iniciativa en defensa del árbol silenciado?, ¿qué dirían Machado, que nunca taló su olmo seco o Miguel Hernández, quien comparó la libertad con el árbol talado que retoño aún tiene vida?

Critico la insensibilidad de este alcalde empeñado en convertir las avenidas, calles y plazas de Sevilla en espacios intransitables, evidenciando su falta de compromiso medioambiental y desmemoria, ante el modelo de ciudad sostenible que sin sus árboles, no le quedará el disfrute de la sombra como sustituto natural para aliviar las altas temperaturas, algo que consta en nuestra historia porque lo heredamos de nuestro pasado andalusí, si es que no nos lo han talado todavía.


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