martes, 25 julio 2017
18:28
, última actualización

El calor de toda la vida

17 jul 2017 / 21:09 h - Actualizado: 17 jul 2017 / 21:09 h.

Cuando no había aires acondicionados, sino ventiladores que mareaban la calor, nuestra imaginación iba mucho más allá del rojo o naranja de las alertas con que ahora abren los telediarios. Mi abuelo dejaba un cubo de hojalata suspendido sobre la superficie del agua del pozo, cargado de higos, y cuando lo sacaba con la parsimonia de quien no se acaloraba, los cogía uno a uno, les situaba estratégicamente los dedos para no clavarse las puyas y, con solo tres cortes que desnudaban el fruto, nos ofrecía aquel verde frescor con que a nosotros se nos olvidaba el mercurio; el mismo fruto con que El Gamboo llegó a hacer helados cuando la crisis lo empujó a plantar pencales en su campo de toda la vida. Mi abuela colocaba una bolsa de plástico en el desagüe del patio y abría el grifo para que nosotros reptásemos por aquel charco inmenso de baldosas descolocadas en que se convertía el patio del limón. El olor del estiércol mojado de las macetas y de los salpicados jazmines nos perfumaba la tarde hasta que mamá nos ponía ropa seca. Alguna vez íbamos a la Piscina de Coria, y al cruzar la barcaza, nos admiraba que al timonel no le quemase aquella chapa en la que se refugiaba, sobre el sordo ruido de un motor incandescente de orilla a orilla. La mayoría de las tardes, sin piscina y sin patio, veíamos a Mariquita Fermín cruzar la tórrida calle de la Aurora vestida como una marquesa para la misa vespertina. Junto a la pila bautismal de mármol se abanicaba con elegancia, al ritmo frenético de un rosario refrescante que le secaba el sudor. Entonces, los telediarios hablaban de los Balcanes, y los chiquillos nos tomábamos un polo de anís bajo el emparrado, tras la guerra de globitos de agua...

Hoy, los telediarios dan todos los días la última hora del calor. Y a falta de imaginación, ponemos el aire acondicionado a tope, aunque contribuyamos así al calentamiento del planeta. La administración corta las clases tres días antes y promete colocar más aparatos y sembrar más arboleda. Así puede prometer lo mismo el curso que viene.


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