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El crédito de Poyet

El entrenador del Betis sigue siendo el foco de las críticas para una afición molesta, no sólo por el juego del equipo sino también por las declaraciones del técnico

02 nov 2016 / 11:42 h - Actualizado: 02 nov 2016 / 11:58 h.

La mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo, dice el refranero. Bien haría la persona encargada de asesorar al técnico uruguayo de cuantas paparruchadas se escriben en las redes sociales en mostrarle también algo de este sabio elenco de metáforas. Quizá consiguiera más de lo logrado hasta la fecha. Y no me refiero a lo estrictamente deportivo, eso es harina de otro costal, que diría aquel. El mensaje que llega al aficionado desde la sala de prensa está colmando la paciencia de la hinchada. Y, además, con toda la razón.

El público tiene derecho a protestar en contra de lo que le venga en gana. Faltaría más, para eso paga. Pero, además, tiene la obligación de hacerlo cuando las cosas van mal. Es el ADN del fútbol: si algo va mal, la gente pita. Gustavo Poyet, al que tanto le gusta hablar del fútbol moderno, debería saberlo. «El público es libre de pedir lo que quiera. Lo que sí le pediría a ustedes es que no me pregunten todas las semanas por lo mismo porque podemos estar así hasta el verano. Cuando un equipo local no gana, es normal que la gente esté descontenta. No es algo nuevo. No creo que sea un problema mío. Le pasó a Mel y a los anteriores. Ante eso sólo podemos bajar la cabeza, entrenar y ganar», dijo el entrenador uruguayo.

Si no es un problema suyo, ¿de quién es? ¿De la afición? Señor Poyet, póngase en el lugar de ese aficionado que acaba de ver perder a su equipo, otra vez. Con el estadio a rebosar y después de tantos sinsabores. En un atasco y de camino a casa, en el coche y escuchando la radio. Si usted fuese ese hincha, ¿qué pensaría al escuchar este argumento?

Meta la mano en su pecho y ponga algo de cordura en su mensaje. Su crédito se agota, si es que no se ha agotado ya. El equipo no cumple las expectativas y apenas genera una pizca de ilusión entre su fiel infantería. Ya no vale el argumento de un equipo en construcción, han pasado diez jornadas y la gente está hastiada de siempre lo mismo. Entiendo que no le guste la situación, pero asesórese la próxima vez. A otros también les ha ocurrido, les han pitado, cierto. A Velázquez y Garrido desde el minuto uno, pero a otros como a Mel, al que menciona en su discurso, después de dos ascensos y una clasificación europea. Creo, sinceramente, que dista mucho de lo obtenido por usted, al menos de momento. Y si su consuelo es el ejemplo de los otros dos técnicos mencionados, mal vamos. No creo que quiera o desee el mismo final que estos. Ni siquiera el recorrido que ambos presentaron al frente del banquillo verdiblanco.

Es usted hombre de fútbol, escuche su corazón y déjese guiar por sus instintos. Huya del susurro en el oído izquierdo de aquellos que pretenden contaminar su discurso. Sea humilde y guarde el ordenador portátil, pues en esto de las hemerotecas todo acaba pesando y a usted, sacar pecho no le ha salido bien. «Agachar la cabeza y entrenar», como dijo, no es culpar a la grada. Porque aunque no haya querido, es lo que ha conseguido, o eso piensan muchos béticos. Antes fue la prensa y después los árbitros, ¿qué será lo siguiente? Se agotan las excusas y se evidencian las carencias. Ponga remedio pronto, ya va tarde.


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