sábado, 26 mayo 2018
21:38
, última actualización

El déficit del cariño

09 feb 2018 / 17:38 h - Actualizado: 09 feb 2018 / 23:03 h.

Estás mirando a tu alrededor, comprobando si estás abrazando lo suficiente a quienes te importan. Y te duele en el alma comprobar la carencia por tu parte de esas transmisiones de afecto que el otro absorbe, y que en definitiva será lo que nos quede cuando nos vayamos ligeros de equipaje. Hay gente cercana que te hace pensar si la abrazaste lo suficiente para poder robarle algo; almacenar la esencia de cada quien en el alma de cada cual y dejar que sea la memoria quien devuelva en la ausencia a cada uno, olores aferrados a lugares o cosas que se mezclan con aquellos sentimientos que perdurarán para el recuerdo de esa persona que forma parte de tí, como una alquimia sentimental. Pero te acobarda el contacto físico de verdad, el sentido, confundido por tanto abrazo falso y besuqueo ojanesco, porque es como mostrar un síntoma de debilidad, quizás porque no sepamos besar o abrazar y posiblemente no lo sepamos nunca. Hay quien abraza demasiado, dando hartazgo en lugar de cariño y hay quien aprende a abrazar, superando el miedo a una posible muestra de debilidad o a simplemente, atreverse a hacerlo. Reconozcamos su esfuerzo y reparemos en los besos que no damos, que debemos, en esos gestos puntuales y sinceros que acercan más que las palabras y ajustemos cuentas, aprendamos a abrazar y a besar sin miedo alguno, como muestra de afecto, agrandando nuestra memoria sentimental. Ya lo dijo Vicente Aleixandre: «la memoria de un hombre está en sus besos, pero nunca es verdad memoria extinta. Contar la vida por los besos dados no es alegre, pero más triste es darlos sin memoria».


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