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El desastre climático nos cambia la vida

12 jun 2017 / 16:52 h - Actualizado: 12 jun 2017 / 21:45 h.

A una semana del comienzo del que puede ser el tercer verano consecutivo más caluroso de los últimos cincuenta años, el calor vuelve a centrar las conversaciones y a ser noticia en los informativos de la televisión con la ya más que tópica imagen del termómetro callejero marcando falsamente cerca de los cincuenta o más. Un año más la pobreza del tratamiento informativo de las altas temperaturas en el sur de España es la nota destacable.

Los profesionales que cubren lo que no es noticia no se salen del guión, planos de las cifras termométricas, apunte estadístico de la comparativa con veranos anteriores, entrevistas a viandantes a los que le suelen faltar piezas dentales, que aportan poco o nada. Y planos de los atávicos remedios para defenderse del sol cuando la realidad es que la forma generalizada de combatir el calor es el aire acondicionado.

En pocas ocasiones la cobertura periodística incorpora el papel del cambio climático en el calentamiento del planeta o aporta opiniones de expertos con soluciones al problema. En el apartado meteorológico, el tiempo soleado será el bueno y el nublado o la lluvia será el malo porque la inercia manda sobre las rutinas profesionales.

La semana pasada en Sevilla y otras capitales andaluzas las asociaciones de madres y padres de algunos colegios públicos se han movilizado para pedir aire acondicionado en las aulas. Es verdad que el desastre climático nos cambia la vida con el adelantamiento y alargamiento del verano y el acortamiento de la primavera, el otoño y el invierno y habrá que ir adaptando las aulas y los horarios a la nueva realidad.

Los ventiladores en los techos deben incorporarse al mobiliario escolar, así como las propuestas de la Red Sevilla por el Clima con alternativas bioclimáticas para los centros de enseñanza que incluyen convertir sus azoteas en cubiertas verdes, aumentar las zonas de sombra con arbolado e incrementar el número de pérgolas, entre otras propuestas.

El clima nos cambia la vida y la solución pasa por un compromiso individual y colectivo con las energías renovables, la transición a una economía baja en carbono y una estrategia de cero emisiones de CO2, que son las medidas que odian Trump y las personas que piensan como él dentro y fuera de Estados Unidos.


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