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El deseo de un buen hombre

«No podrán con lo que tanto queremos», afirmó el hermano mayor de los Gitanos, Pepe Moreno, cuyo mandato llega a su fin dejando el listón muy alto a su sucesor

24 abr 2017 / 18:42 h - Actualizado: 24 abr 2017 / 18:58 h.

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La Hermandad de Los Gitanos afrontará este año un nuevo proceso electoral para determinar quién sustituirá al actual hermano mayor, José Moreno Vega. No será una tarea fácil para estos hermanos. Resultará complicado encontrar una figura de consenso capaz de aportar la estabilidad que Pepe ha logrado en estos últimos ocho años, en los que ha gobernado quizá más con el corazón que con la cabeza. Sus disgustos le ha costado, no crean. Pero atrás quedará una época para la historia reciente de la última cofradía en pasar por la Campana de cuantas realizan su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo.

La culminación de un proyecto de Casa Hermandad para sus hermanos, tan necesario como complejo y, sobre todo, las bases de una solución que no terminan de encontrar para la problemática con el horario que la jornada arroja cada año son algunos de los logros de Pepe. Sí, las bases. Porque aunque usted no lo crea, hasta que el actual hermano mayor de esta hermandad no alzó la voz, la gran mayoría de antecesores en el cargo se limitó a mirar para otro lado, una Madrugá tras otra, mientras sus hermanos sufrían en la calle eternos parones. Ya es un paso y, después de todo lo ocurrido, casi definitivo para solventar el problema.

Lo peor es que todo ello queda en un segundo plano después de lo vivido esta Semana Santa. Qué pena, ver a don José despedirse de sus hermanos entre lágrimas tras los sucesos acontecidos en la última Madrugá. Tuvo que detenerse más en lo vivido esa noche que en sus ocho años al frente de la cofradía. Su mensaje de despedida quedará clavado en mi alma por siempre, era el deseo de un buen hombre. «No podrán con lo que tanto queremos. Siempre que alguien intente arrebataros lo que tanto queréis, venid aquí y miradlos a ellos», en referencia a los titulares de la hermandad. El aplauso no pudo ser mayor. Atronador y sobrecogedor. Tanto como las lágrimas de Pepe y el trasfondo de su mensaje.

Podrán verlo cualquier tarde por el Santuario de Los Gitanos. Apoyado en su bastón y con la alegría que caracteriza a quien será recordado para los restos como un buen hombre. Dio trabajo a quien lo necesitó para construir la nueva casa de sus hermanos, se dedicó en cuerpo y alma a atender a los suyos. Puede parecer una tontería, pero no sabe usted lo importante que puede llegar a ser, para una familia de las miles que pertenecen a Los Gitanos, recibir una misiva de aliento después de la pérdida de un familiar. Detalles, en definitiva, que definen el saber estar. La elegancia y las buenas formas de alguien a quien podrán seguir viendo, cada Viernes Santo, con su medalla al cuello y entre los nazarenos del paso de Palio de María Santísima de las Angustias. Ojalá y el Señor de la Salud le dé fuerzas para que así sea durante muchos años, pues en el fondo, gente como este hombre hacen falta no sólo en esta hermandad, sino también en una sociedad en la que la pérdida de valores es constante. Más que un castigo, que lo merecen, a estos que provocaron tanto daño lo que les haría falta sería un café y una rueda de calentitos debajo de la casa de Pepe, para que este les enseñase cuatro cosas de la vida. Igual así algo cambiaría.


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