sábado, 19 enero 2019
14:13
, última actualización

El despertar

13 dic 2018 / 08:25 h - Actualizado: 13 dic 2018 / 08:27 h.

La mañana llegó envuelta en un abrigo de niebla. De hecho, cuando sonó el despertador pensé que lo había programado mal, pues por la ventana -duermo con la persiana abierta- no venía la luz perezosa que corresponde al final del otoño; la habitación retenía las sombras nocturnas y el frío me hizo pensar que mi equivocación iba a permitirme una hora más de sueño, con lo que me gustan los regresos inesperados a la modorra que va y viene, que se rompe y se rehace como en un juego de pompas de jabón.

La niebla ha sido un anticipo a un día de cielo cubierto, una aguada gris que nos castiga sin rayos de sol. Porque el sol está, como estaba a primera hora, aunque escondido, así que el odioso campanillero del despertador actuó cuando correspondía, y como es día laborable desapareció la oportunidad de dedicar unos minutos a remolonear. El compás de primera hora no lo permite. <<¡Chicos, todos arriba!>>, como si yo fuera el capitán, mi casa un navío y mis hijos la marinería que se ha librado de hacer guardia en el puente.

Como mi mujer está de viaje, a mi lado descansaba la pequeña, incapaz de desvelarse con mis voces, la boquita abierta para exhalar el vaho caliente de los mundos inconexos de sus sueños infantiles, el cabello revuelto, con sus vetas doradas, el cuerpo tierno como pan recién horneado. <<¡Es la hora!>>, mi segunda advertencia. El inicio de las clases -en el colegio, en la universidad- no perdona. Y como respuesta algún murmullo en el que interpreté un <<ya voy>>, un <<vale>>, un <<déjame un poco más>>...

El hogar empieza a revivir: la luz eléctrica amarillea el aire pesado, el perfume del café, el perro que hace cabriolas y el gato que nos observa con desdén. <<¡A que llegamos tarde!>>, clamo con cierta afectación. Entonces mis hijos regresan al hoy y al ahora, a la conciencia de un examen, de los deberes a medio terminar... Después, como todos los días, salimos a la calle con el tiempo justo, yo satisfecho por tantas alegrías.


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