domingo, 25 junio 2017
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El día del Padre... Cautivo

Olía a incienso, a túnica planchada y colonia familiar. Olía a padre enseñando a su hijo las claves de la ciudad más hermosa del mundo. Era Lunes Santo en Sevilla

19 mar 2017 / 08:34 h - Actualizado: 19 mar 2017 / 08:34 h.
  • El día del Padre... Cautivo

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Lo recuerdo como si ahora mismo se estuvieran moviendo, al compás de la tarde, esos bajos de la túnica morada del Dios de las manos atadas –para siempre– al abandono que cada Lunes Santo me hace llorar. Mi padre me había prometido que iríamos a ver al Cautivo del Tiro de Línea. Y tiró la línea hacia Santa Genoveva y allí nos apostamos en una primera fila sencilla de encontrar por aquellos años.

Habíamos llegado en el Seat 131 blanco que tantas cintas de Tejera engulló, que tantos casetes de Soria 9 y de Arahal había trastabillado para que mi hermano y yo nos pusiéramos a rebobinar dando vueltas a las cintas con el bolígrafo metido en el agujero. Se trataba de escuchar una y otra vez las marchas de Gámez Laserna, de Morales, unas piezas que sonaban a desfile y solemnidad, a gloria bendita. Las teníamos gastadas, con las cajas rayadas. Aquellas cintas de marchas procesionales dormían todo el año en una guantera que compartían con los papeles del coche y otras cintas de radiocasete de Los Beatles, de Los Romeros de la Puebla o de un tal Sinatra que yo siempre quitaba para volver a escuchar Virgen del Valle o Pasan los Campanilleros.

Allí en el Tiro de Línea, delante de mis ojos, que andaban descubriendo la Semana Santa, una cofradía de barrio con todos sus avíos y un aire de felicidad que inundaba los rincones de aquel espacio, desfilaba con valentía en los pirmeros compases de una travesía larga, como la fe. Olía a incienso, a túnica planchada y colonia familiar. Olía a padre enseñando a su hijo las claves de la ciudad más hermosa del mundo. La cofradía del Tiro de Línea huele a creo en Dios.

Y entre aquellos nazarenos estaría Javi Bonilla, hoy hermano mayor. Él sabe bien cómo araña la cuerda que tiene sujetas las manos de Cristo. Ahora mismo esa cuerda está asfixiando a mi amigo. Javi está cogiendo kilos, muchos, encima de un lomo. Y yo no he olvidado que, cuando lo necesité, su voz por fuera del paso me alentó, me ayudó con palabras precisas a morderme el labio y tirar para arriba. Por eso hoy he vuelto a ponerme al lado de mi padre, el hombre que me llevó a ver la cofradía de Santa Genoveva. Pero he venido por fuera y, pegado al faldón, quiero decirle a Javi Bonilla que su Cristo ha recogido en sus brazos a su hermano, que su Madre de las Mercedes –tenía que llamarse Mercedes– le ha hecho un hueco en el cielo, y que de esta calle saldremos pronto. Con el cuello herido, pero con el trabajo cumplido.

Vamos arriba ese cuerpo, amigo, que aquí fuera del paso estamos contigo para darte agua, ánimo, cariño y, si hace falta, nuestra sangre. Como tú lo hiciste por mí. ¿Te acuerdas?


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