domingo, 17 diciembre 2017
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El entusiasmo en política, ese bien preciado

15 jul 2017 / 19:52 h - Actualizado: 16 jul 2017 / 10:25 h.

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Asistimos al reciente cambio aplicado por Susana Díaz en su gobierno con el objetivo de dinamizar la gestión y recobrar fuerzas. La remodelación coincide con un período decisivo. Tras el fiasco de las Primarias, la presidenta de la Junta se la juega en este último tramo de la legislatura. Pretende llegar al nuevo compromiso con las urnas desatascando problemas, mejorando servicios y la atención al ciudadano. El escaso presupuesto con el que cuenta le estrecha el campo de juego. La verdad es que la falta de recursos es una de las condiciones con la que deben lidiar todos nuestros gobernantes. Es inevitable hasta el punto de que, esa falta de dineros, se convierte, habitualmente, en la principal excusa para no hacer nada, para justificar, también, la inoperancia de los responsables públicos que, en muchas ocasiones, se escudan en esta circunstancia para justificar su inacción o cuando menos, su torpeza frente a las responsabilidades que deben asumir.

En esa estamos cuando, entre los cambios introducidos, figura la del nombramiento del periodista, Miguel Ángel Vázquez como flamante consejero de Cultura de la Junta de Andalucía. Viene de desempeñar una buena labor como portavoz del Gobierno en donde se ha desenvuelto con una gran soltura y solvencia a la hora de explicar la acción de gobierno de Díaz y de ser la punta de lanza mediática de la administración autonómica en todo aquello que le atañe. Poniendo la voz, diseñando estrategias de comunicación y explicando el criterio del Ejecutivo andaluz sobre sus iniciativas, medidas y todo aquello en donde el punto de vista de la Junta es requerido. En su trayectoria en ese puesto se puede observar cómo sus intervenciones han ido adquiriendo con el tiempo una mayor carga política arremetiendo abiertamente contra quien hubiera menester mostrando así su perfil más agresivo, si cabe, pero, al mismo tiempo, su madurez y transformación. Su faceta estrictamente periodística aparece ya muy alejada ofreciendo otra bien distinta, bregando en el día a día de la lucha política y partidaria.

Por todo ello, había llegado el momento de dar el salto, pensaría, de ahí sus inconfesables deseos de ser consejero andaluz. A Díaz no se le escapaba ese detalle y a la primera ocasión que pudo hizo realidad su sueño adscribiéndole la responsabilidad de Cultura, el departamento peor tratado y, también, considerado poco menos que como una María tal es el desdén con el que, sistemáticamente, se han abordado los asuntos que son de su competencia. Para colmo, en tiempos de crisis, las prioridades que se marcan son otras muy distintas y que tienen que ver con el Empleo, Sanidad, Enseñanza o Dependencia. Al propio Vázquez no le debe sorprender, precisamente, la indigencia en la que se encuentra su Consejería. Pero debe haber hecho un profundo proceso de reflexión sobre lo que tiene por delante para digerir correctamente el paso tan trascendental que acaba de dar en su vida. Es cierto que no hay un euro en las arcas de Cultura y que se trata de la pariente pobre la Junta, pero a buen seguro que esa dura realidad no le habrá amilanado en absoluto hasta el punto de destacar, tras su nombramiento, por el entusiasmo que trasmite en sus primeras intervenciones ya como titular de dicha cartera. Podría decirse que es lo propio de todo aquel advenedizo que llega a un nuevo puesto pero en el caso que nos ocupa hablamos de alguien que ya lleva muchos años metido en política, primero en la misma cocina de su partido, el PSOE de Andalucía, tras ficharlo en su día el entonces secretario de organización, Luis Pizarro, y, más tarde, en el mismo Consejo del Gobierno autonómico.

Y por lo visto hasta ahora, la complejidad de los asuntos heredados no le han arrugado. Problemas envenenados como el legado de Lorca, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, las Atarazanas o el estado de nuestra riqueza patrimonial e histórica, le han caído encima con la imperiosa necesidad de desatascarlos de una vez por todas por no decir, igualmente, de acabar, por fin, con la deriva de olvido que se había instalado en esa casa en todos aquellos temas que tuvieran que ver con la propia capital de Andalucía. Ya se sabe, esa resistencia interna que lucían algunos de los consejeros a la hora de aprobar propuestas para Sevilla no fuera que los acusaran de centralistas. Pues nada de eso parece estar ocurriendo con Vázquez quien da a entender su disposición plena a coger el toro por los cuernos y a fajarse en la solución de los difíciles enredos que tiene encima de su mesa. El tiempo dirá si lo consigue o no así como, también, si lleva a la práctica de forma efectiva y real el talante abierto y dialogante con el que quiere imprimir su trabajo, algo, por lo demás, que resulta exigible de oficio para todo representante político. Más que explicar, ahora tendrá que gestionar y presentar resultados aunque todo hace indicar que seguirá estando en ese círculo más próximo a la presidenta en donde se toman las decisiones más significativas.

Pero hay algo que ya puede darse por hecho y que surge como un bien preciado al alcance de muy pocos, desde luego. Y es ese entusiasmo que transmite en sus intervenciones, esas ganas de hacer e intervenir en todo aquello que le atañe con la esperanza de ser útil a los andaluces que para eso lo han puesto ahí. Demos, pues, la bienvenida a este en otrora excelente periodista que se ha pasado, definitivamente, al lado oscuro, a la acera del servicio público, en el momento en el que transitar por estos territorios está más caro que nunca y esperemos que, por el bien todos, de nuestra Cultura, una de las principales señas de identidad de Andalucía, cumpla con los objetivos que se le han encomendado.


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