miércoles, 19 septiembre 2018
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, última actualización

El final de una ética

06 ago 2018 / 17:52 h - Actualizado: 06 ago 2018 / 19:55 h.

El ser humano, a lo largo de su larga Historia –o sea, a lo largo de la zigzagueante Historia de la Razón– fue llegando a conclusiones imprescindibles para la convivencia. Por un lado estaban las éticas, las de la propia conducta, y sí se abrió camino, primero, el principio «no hagas a otros lo que no quieres que te hagan», después el «ama a tu prójimo como a tí mismo» o, dicho de otro modo, «quiere para los demás lo mismo que querrías para ti» y, por último, el «considera bueno para ti sólo aquello que sería bueno para todos los seres humanos», enunciado por Kant.

Por otro lo hacían también las que iban perfilando la conducta hacia los demás y de esta manera se llegó a la universalidad de los derechos humanos que, en definitiva, decían que la acción de cada individuo estaba limitada por la de todos los demás.

Eso fue lo que incorporó la segunda mitad del siglo XX al frontispicio de la civilización donde brillará, sin duda, en el futuro como una de las etapas más fructíferas de la modernidad. Como una etapa que, sin embargo, ahora parece llegada a un final del que sólo saldrá cuando se produzca una nueva conmoción planetaria.

Hoy el ahínco con el que cada colectivo trata de imponer sus tesis indica que el mandamiento kantiano se ha convertido en «todos los seres humanos deberán considerar bueno lo que es bueno para ti» mientras los Derechos Humanos son los dictados que la conjuración de los nuevos sátrapas van a imponer a la entera humanidad.


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