domingo, 26 mayo 2019
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El hashtag de Cervantes

22 abr 2016 / 22:44 h - Actualizado: 22 abr 2016 / 22:44 h.

Ni pitos, ni palmas para el efímero espectáculo montado en el Congreso de los Diputados, en torno a la máxima figura de la literatura española, reivindicando al hidalgo Quijote como presidente del país, que empieza a parecerse a los típicamente bananeros. No es humor lo que falta o sobra, y menos ingenio, pero... necesitar manosear el IV centenario de nuestro ilustre es una ocurrencia innecesaria que distorsiona al autor, al personaje y, sobre todo, al imaginario de la relectura, de una de las obras más contundentes jamás editadas.

En plena decadencia de un sistema que penaliza la cultura con un IVA del 21 por ciento, cifra de expolio feudal, amén de ser el más alto de Europa, provoca el paradigma de la teoría del shock, que oscila entre el negativismo y la resignación, y ese efecto es altamente inflamable. Y sus señorías mientras, y bajo la batuta del ministro del ramo en funciones, nos ha tratado de deleitar a costa de nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra infinita paciencia, con una chafada lírica, pretendiendo envolver en celofán los destrozos de los valores, que la ciudadanía atribuye a sus prácticas, como decía Gabriel García Márquez, refiriéndose a la cultura.

Las excelencias indiscutibles en el hemiciclo de los recursos utilizados, como las piezas de Phillipp Teleman, las interpretaciones del actor Manuel Tallafé, o la presencia de Ron Lala, Iñigo Echevarría, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher y Álvaro Tato, con los broches de José Mota y Miguel Poveda, confirman el bucle del poder, y su predisposición a dar solo una capa de barniz a las estructuras en vertical aunque estén en ruinas, sin atender los edificios en horizontal, posiblemente por eso seamos el país del mundo que mas ascensores tiene por habitante.

El abuso del virus del cervantismo convierte el relato de la coyuntura en decepcionante porque señala cómo hay consenso para el pretendido glamour de los caballeros andantes y permanente disenso para el gobierno de esta flaca España, lo que nos emplaza a no titubear, ante la atribuida certeza de Don Quijote ¡Nos ladran Sancho!, señal de que avanzamos.


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