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El hijo de Silverio (1)

Hace más o menos una año el investigador y gran aficionado al flamenco, de El Puerto de Santa María, Luis Suárez Ávila, nos propuso que investigáramos sobre un posible hijo de quien apenas tenía información

12 ene 2018 / 21:33 h - Actualizado: 13 ene 2018 / 18:03 h.

Tuvo hijos Silverio Franconetti, el gran cantaor sevillano de la Alfalfa? Oficialmente no. Se desconoce si pudo tener alguno en América, donde estuvo siete años y lo más probable es que tuviera alguna relación amorosa. La verdad es que aún hay poca información sobre el artista en esos países sudamericanos a los que emigró. Sabemos con certeza que no tuvo descendencia con su primera esposa, Ana Torrecilla. Al menos no consta en ningún documento. Y con la segunda, María de la Salud Sánchez, tampoco. Sin embargo, siempre se ha comentado que tuvo algún hijo. Ricardo Molina le habló del asunto en una carta al flamencólogo argentino Anselmo Gonzalez Climent:

Estoy procurando conseguir con mucho entusiasmo cuadros, fotografías, recuerdos, cartas y datos familiares de Silverio. Su hijo falleció hace unos diez años (1952) aproximadamente. Fue el único y verdadero transmisor de los cantes de su padre. A su vez, las huellas del hijo parece que han sido conservadas en ciertas minorías de aficionados de Sevilla.

El poeta granadino Luis Rosales también nos aportó datos sobre otro presunto hijo del artista sevillano, según el artículo que publicó en ABC, el 8 de julio de 1989, ¿Cómo era Federico? Al parecer daba a conocer una anécdota recogida del propio Federico García Lorca:

Al día siguiente vino un amigo a visitarle, y viéndole callar no se atrevió a decirle nada. En estos trances, cuanto más callada es la visita, más se agradece la compañía. A fuerza de callar, se pasaron, en un vuelo, tres horas. El visitante, entonces, dio su visita por terminada. Se levantó, dirigiéndose hacia la puerta. Silverio, al lado de él, era su sombra, nada más que su sombra. Ya, con la puerta abierta, el visitante se volvió hacia Silverio para decirle sus únicas palabras de aquel día: «Qué, habrás sufrido mucho». Y Silverio le contestó: «Fíjate lo que habré sufrido, que me pasé la noche entera cantando seguiriyas».

En la revista Dígame, de 1961, el periodista Ricardo Rufino entrevistó a un presunto nieto de Silverio, Nicolás Franconetti, que aporta datos biográficos sobre el artista, aunque no dice nada referente a quién era su padre, esto es, el hijo de Silverio. Desde luego, estaba bastante informado de los asuntos familiares y artísticos de su abuelo.

Hace más o menos una año el investigador y gran aficionado al flamenco, del Puerto de Santa María, Luis Suárez Ávila, nos propuso que investigáramos sobre un posible hijo de quien apenas tenía información. Solo sabía, por lo que le había dicho hacía años Antonio Galea Calderón, que se llamaba también Silverio y que su madre se apellidaba Domínguez. Y que era de profesión impresor. Solo eso. Naturalmente, la escasez de datos ponía muy difícil localizar en el padrón de Sevilla a este posible hijo del genio de la Alfalfa. Tras dejar dormir un poco la idea de localizarlo, decidimos comenzar la investigación y lo primero que hicimos fue buscar a un Silverio Domínguez en los censos sevillanos del último tercio del siglo XIX. Enseguida apareció un Silverio con este apellido e hijo de Ana Domínguez Conde, que era madre soltera, luego empezábamos bien. Vivían entonces, en 1895, en el número 42 la calle Galera, perteneciente a la collación de la Magdalena.

Conociendo ya sus dos apellidos, Domínguez Conde, el siguiente paso fue averiguar quién fue este sevillano, y no tardamos en saber que era de profesión impresor y presidente de la ya extinta Tertulia el Arenal de Sevilla, que fue fundada por él mismo en 1932. Este centro cultural, que estuvo precisamente en el Arenal, se distinguió por su gran labor en la difusión de la cultura sevillana, donde tuvo siempre un lugar importante el arte flamenco, con la celebración de innumerables conferencias sobre el género a cargo de destacados intelectuales y artistas de la época, como el escritor Santiago Montoto, el pintor José Rico Cejudo o el cantaor Fernando el de Triana, quien por cierto cita a Silverio Domínguez en la extensa lista que aparece en su libro Arte y artistas flamencos (1935), como destacado crítico de flamenco, esto es, un gran conocedor del arte jondo.

Las piezas del rompecabezas empezaban a encajar. Localizamos su partida de bautismo en la Parroquia de la Magdalena, en la que, en efecto, constaba que Juan Silverio, Santiago, José de la Santísima Trinidd Domínguez Conde, nacido en Sevilla el 23 de marzo de 1888 –un año antes de la muerte de Silverio–, era hijo de Ana Domínguez Conde, madre soltera, sevillana también y de solo 19 años de edad. El niño era de padre desconocido. Sin embargo, en el registro de su muerte, ocurrida en Sevilla en mayo de 1934, como consecuencia de fiebres maltas, constaba que era hijo de Silverio y de Ana.

A pesar de ser bautizado como Juan Silverio, en los padrones y documentos personales siempre aparecía como Silverio, renunciando a su primer nombre, que era el de Juan, el nombre de su bisabuelo y abuelo maternos. Sin embargo, en la Guía de Sevilla de los años treinta, en el apartado de impresores, aparecía como Juan Silverio. Teníamos ya pocas dudas de que pudiera ser hijo del gran cantaor sevillano. Primero, porque el informador de Luis Suárez, Antonio Galea, era pariente del actor cómico sevillano José López Galea, quien durante algún tiempo dirigió el Café Filarmónico de Sevilla, luego tuvo que tener una estrecha relación con Silverio Franconetti. En segundo lugar, porque ya encajaban todas las piezas, una vez contrastados los datos que nos había aportado el investigador portuense, que no fueron muchos pero sí precisos y fiables.

Sabiendo ya quién fue Silverio Domínguez Conde, el siguiente paso fue investigar a su madre, y al localizar su partida de nacimiento (Sevilla, 1869), descubrimos no sin grata sorpresa que era nieta de Juan de Dios Domínguez y Cadenas, el célebre cantaor y torero de San Fernando, conocido en el mundo taurino por El Isleño. Este Juan de Dios es probable que fuera el mismo Juan de Dios al que citaba Serafín Estébanez Calderón en sus famosas Escenas andaluzas, en concreto en Un baile en Triana, que se publicó por primera vez en prensa en 1842. ~


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