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La Tostá

El pino de Mampela

07 dic 2018 / 07:00 h - Actualizado: 06 dic 2018 / 14:47 h.

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En Palomares del Río había un pino muy frondoso que estaba en Mampela. Un grupo de niños le pusimos unos clavos para llegar a su copa y desde él veíamos todo el pueblo y parte del Aljarafe, cuando las mañanas eran claras. He escrito mucho sobre aquel pino, que si no me equivoco pasó a mejor vida. Medio siglo después, en mi nueva casa de La Puebla del Río tengo seis pinos como el de Mampela. Media docena, que se dice pronto. No creo que tenga valor para subir a la copa de alguno, pero estaría bien hacerlo para ver desde la Cañada de Arrayanes -a un kilómetro escaso de la de los Pájaros-, la Dehesa de Abajo, los olivares de Almensilla y las huertas de Palomares, si es que queda alguna. Ahora que todo se mide en signos de progreso, ¿significa que he progresado de golpe, a mis sesenta años, porque tengo seis pinos en casa? Sin duda alguna. Seis pinos y cientos más justamente detrás de la finca, con acceso directo desde ella. Con La Puebla a cinco kilómetros, Coria a tiro de piedra y Palomares a diez minutos. Es mi regreso a las raíces, a la infancia, aunque creo que jamás me fui de ella. Dicen que todo sucede en esa etapa de nuestra vida, pero hace medio siglo vivía en una casita para conejos y en el cachito de corral que teníamos había solo un olivo que no era ni nuestro, sino del padre del Poli. Es verdad que algunas de sus ramas se metían en nuestra propiedad y que cuando salían las aceitunas las aliñábamos nosotros, con todo el morro, porque él tenía cien olivos más, y alguna que otra vaca lechera. Pues sí, he progresado de golpe, tengo seis pinos y mil metros de cielo azul solo para mí. Y lo he hecho sin temor a que Vox me pueda quitar piñas con el rabo.


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