sábado, 22 septiembre 2018
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El poder de la magia

Valentín García está mezclando en sus venas el amor a la radio y la paciencia con las embestidas de la quimioterapia, usando el temple para darnos una lección

12 may 2018 / 20:04 h - Actualizado: 12 may 2018 / 21:03 h.
  • El poder de la magia

Apenas conozco del compañero esa voz que atraviesa el aire y se cuela en tu vida ordinaria con una melodía amable, limpia, como nacida en la garganta de alguien que ama al medio con el alma, y cultiva el cariño y el respeto a ese tesoro que se llama comunicación. Tanto, que el compañero mezcla las ondas en sus venas con las sesiones de quimioterapia, también en vena. Las seiones que está recibiendo no están sirviendo a muchos para, aún sin química, encajar una terapia que viene a recordarnos las miserias, las banalidades, diré ya de una vez las tonterías que más de uno guardamos en nuestros cajones diariosy que enseñamos al mundo como si fueran cosas importantes.

Valentín García se tiene que curar. Creo que sabe que se va a curar. Esta tarde, asomado a un limonero que aún se empeña en jugar a la primavera mientras el cielo comienza a dibujar las horas largas de un verano que toca a la puerta de mi jardin, oigo entre sus ramas la voz de Valentín. Suena a radio de mi tierra. Suena a mi Andalucía. Y le imagino otra vez con esa sonrisa tan suya, tan optimista, tan fresca. La sonrisa de Valentín tiene treinta años menos que él.

En ese diario de sesiones químicas llamadas a asesinar -¡yo pago si hace falta a los sicarios!- a un puñado de células canallas que se han venido a vivir al cuerpo del compañero, un valiente nos está contando como buen periodista todos los pormenores de unos encuentros con la incertidumbre, con la duda, que ponen las ondas de punta, el dial a cavilar, los egos en orden.

Miro a ese árbol frutal y observo con admiración el horizonte. Suena en mi teléfono móvil una canción de Alan Parsons. Acaba de decir If you believe in the power of magic (si crees en el poder de la magia...) Yo soy más de creer en la providencia, la del cielo que decidió un día que los limoneros entendieran las estaciones según el agua que corriera por sus venas, por sus entrañas. Y creo que la providencia está detrás del ejemplo que nos está dando Valentín con esa manera tan suya de pelear sonriendo, de sonreir peleando, de gritar y callar al mismo tiempo. Eso es lo que hace la naturaleza de Dios, grita y se calla a la vez. ¿No lo ves? ¿No lo oyes? Asómate a tu ventana y busca un trozo de la creación más grande. Verás que todo en la vida es posible.

Las sesiones y las lecciones están llegando poco a poco al final, a la cura. Florecerán la luz y el color en Sevilla cuando quiera el limonero. A Valentín, como al azahar, lo necesita mi jardin. Y necesita esa melodía de su voz amable, cristalina, nuestra. la que estoy ahora buscando en el móvil y no puedo encontrar. Volverá pronto y florecerá mi limonero. Y veremos otra vez esa sonrisa que no parece cumplir años.


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