sábado, 23 septiembre 2017
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El sastre, el político y su amigo rico

18 mar 2017 / 22:34 h - Actualizado: 18 mar 2017 / 19:37 h.

Los que vestimos de prêt-à-porter, y a veces ni eso, desconocemos casi todo del glamour de las renombradas sastrerías. Apostaría lo que fuese a que nunca escucharon a nadie decir eso de, tengo cita en el sastre, discúlpenme, o mucho menos aquello otro de, le recuerdo que a las cinco le esperan en Henry Poole, señor. La vida desclasada de los grandes almacenes es limitada, por más que nos hagan creer publicitariamente lo contrario. Sus escaparates nos ocultan realidades que, aunque parezcan de otra época, siguen estando tan vivas como antes. Los del piso de arriba, esos que no cogerán jamás el mismo jet que tú, son personas de sastrería, y tienen razones para justificarlo: sus cuerpos se resienten con una línea de pantalón que haya sido calibrada para un hombre medio. La vulgaridad, a diferencia de la arruga, no es bella.

En el número 14 de la rue de Sèvres, París, desde hace casi un siglo, se encuentra una de esas sastrerías que no creo que nos llamase la atención al pasar. Su público les llega por recomendación, que es casi como decir por status. Arnys, según reza en su web, lleva vistiendo a la clase política parisina desde entonces, además de, añade, actores y hombres de la tele. Los ilustres clientes saben que yendo a Arnys encontrarán un savoir faire inigualable, y podrán disfrutar de una elegancia para nada ostentosa. Los virtuosos sastres de la casa sabrán confeccionarles el traje perfecto puntada a puntada.

La policía judicial ha encontrado los patrones con la medidas de Fillon, candidato del partido conservador a la presidencia de Francia, en la afamada sastrería. Dos trajes por valor de 12.000 euros y algunas piezas más informales por algo más de 35.000. El político no ha podido negar la evidencia. Un patrón de ese nivel debe ser como la más precisa de las radiografías. En los papeles de seda debe estar reflejada hasta la más mínima imperfección del cuidado cuerpo del candidato para que la lana australiana encaje como un guante. En Arnys buscan siempre la perfección para sus honorables clientes.

«Me los ha regalado un amigo, no veo donde está el problema». Fillon es de grandes almacenes, es lo que ha querido decir, pero tiene amigos ricos que lo aprecian mucho. Sin embargo, el irrespetuoso y plebeyo ánimo de querer saberlo todo va un poco más allá y le interroga sobre el nombre del generoso amigo. Fillon no lo dice, por pudor alega, pero todo se acaba sabiendo. Robert Bourgi, abogado, propietario de un maserati y veterano mediador entre gobernantes africanos e inquilinos del Eliseo, el último heredero de la llamada françafrique, es el inseparable.

Ir al sastre es, como ven, entrar en otra dimensión. No sólo sales pinturero, sino con hilos bien puestos para que te manejen el mundo.


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