domingo, 15 septiembre 2019
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El sevillano único

11 may 2018 / 22:30 h - Actualizado: 11 may 2018 / 22:30 h.

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Observaba la vida pasar como espectador silente, desde la barroca puesta en escena de la vida que late en la calle Feria de jueves a jueves. Sobre sus viejos adoquines era fácil coincidir con este sevillano elegante, y cuando la vida me regalaba la suerte de la coincidencia, disfrutaba del placer de su conversación culta y susurrante sobre el mostrador fiel de casa Vizcaíno, donde los relojes marcan las horas en números de tiza. Este sevillano ausente nos dejaba un lluvioso día de mayo bajo un cielo lleno de contraluces, todo un becqueriano escenario para quien mejor supo cantar sus rimas, con su voz rota y elegante de ruán negro, de seda azul inmaculada. Gran conversador, excelente músico y genio del trampantojo; discreto, callado, dueño de una socarrona ironía cervantina y de una melancólica cadencia machadiana que reflejaba en su obra y en su manera de hablar; un artista hecho a las sevillanas maneras de la otra Sevilla. España seguirá oliendo a pueblo por mucho que la vida avance, el Lute será más romántico que prófugo, los ojos brillarán como cerrojos y en El Rinconcillo seguirá sonando la tuna, siempre inoportuna, tras la cristalera que separa la realidad del deseo, todo un cernudiano concepto de la vida. La algarabía de la calle Feria, el Museo con sus inquilinos, sus vecinos ilustres y el vulgo de San Juan de la Palma echarán de menos a este pintor de soledades, a este explorador de intimismos del alma, a este sevillano serio, como él solía definirse: «Soy un sevillano aburrido, de esos que se van de pronto, sin anunciar que se han ido». Descanse en paz Benito Moreno, un sevillano único.


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