sábado, 14 septiembre 2019
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El vacío de la indignación

25 may 2018 / 19:06 h - Actualizado: 25 may 2018 / 19:14 h.

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Mientras valoran si los caracoles están mejores que los que probaron ayer, los cohetes les interrumpen su Champions League caracolera. A lo lejos llegan las carretas, tan lejos como están del cinco por ciento del PIB PSOE, quien en Madrid dice A y en Andalucía B, PP y Ciudadanos, los que han votado No en contra de dedicárselo a la educación pública. Y con esas llevan a los niños al colegio planteándose su futuro en este país deseando que llegue junio con la nómina, porque el almanaque aprieta, mientras en la radio hablan de la real boda inglesa, tan irreal como el máster de Cifuentes y de la panda de rateros que forman Bárcenas y compañía, cuya señora admitía no saber nada de lo que hacía su marido, como la infanta Cristina, pobrecita mía. A ellas no se les discute las casas de tropecientos mil metros cuadrados. Por la televisión Iniesta con cara triste recibe a su nueva afición japonesa y el Real Madrid llega a Kiev, mientras el país impávido observa cómo la Democracia se enferma de gravedad ante la indolencia de una oposición incapaz de provocar una moción de censura ante un gobierno corrupto y condenado. Condenado y corrupto. Mayo se marcha mojando unas calles que se engalanan para recibir a María Auxiliadora, mientras las mías se engalanan para reconocer al juez Garzón, apartado por su valentía tan incómoda. Perdonen mis lectores este derecho al pataleo, pero como diría el gran Philiph Roth, quien nos dejó esta semana sin ver el Nobel de Literatura: «¿Cómo vas a llenar el vacío de la indignación?». De los premios Nobel hablaremos en otra ocasión, ahora solo me quedo con el vacío de la indignación.

Mientras valoran si los caracoles están mejores que los que probaron ayer, los cohetes les interrumpen su Champions League caracolera. A lo lejos llegan las carretas, tan lejos como están del cinco por ciento del PIB PSOE, quien en Madrid dice A y en Andalucía B, PP y Ciudadanos, los que han votado No en contra de dedicárselo a la educación pública. Y con esas llevan a los niños al colegio planteándose su futuro en este país deseando que llegue junio con la nómina, porque el almanaque aprieta, mientras en la radio hablan de la real boda inglesa, tan irreal como el máster de Cifuentes y de la panda de rateros que forman Bárcenas y compañía, cuya señora admitía no saber nada de lo que hacía su marido, como la infanta Cristina, pobrecita mía. A ellas no se les discute las casas de tropecientos mil metros cuadrados. Por la televisión Iniesta con cara triste recibe a su nueva afición japonesa y el Real Madrid llega a Kiev, mientras el país impávido observa cómo la Democracia se enferma de gravedad ante la indolencia de una oposición incapaz de provocar una moción de censura ante un gobierno corrupto y condenado. Condenado y corrupto. Mayo se marcha mojando unas calles que se engalanan para recibir a María Auxiliadora, mientras las mías se engalanan para reconocer al juez Garzón, apartado por su valentía tan incómoda. Perdonen mis lectores este derecho al pataleo, pero como diría el gran Philiph Roth, quien nos dejó esta semana sin ver el Nobel de Literatura: «¿Cómo vas a llenar el vacío de la indignación?». De los premios Nobel hablaremos en otra ocasión, ahora solo me quedo con el vacío de la indignación.


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