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La Tostá

Entre ‘carteristas’ anda el juego

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
17 jul 2019 / 08:53 h - Actualizado: 17 jul 2019 / 08:54 h.
  • Entre ‘carteristas’ anda el juego

Si no cobraran ninguno de los responsables de que pueda haber o no ya Gobierno en España, en unos días, a poder ser fuerte, con estabilidad y para cuatro años, otro gallo cantaría. Pero tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias no acaban de entenderse, uno porque quiere ser el amo del cortijo y el otro porque aspira a ser al menos el capataz. Los dos tienen aseguradas las papas con choco y son ya dos señoritos de la política. De izquierdas, dicen, sobre todo el de Vallecas, que ha pasado en un santiamén de ser jornalero de manta y canasto a tener cortijo propio sin haber sido ni siquiera concejal en un pueblo. Vino denunciando a la casta política con un discurso tan estudiado como falso y una vez que se ha situado ya no ve otro futuro para él y su compañera que el de formar parte de ella. De la casta, digo. Quiere ser ministro, algo, y a Sánchez no le hace la más mínima gracia, lo que puedo llegar a entender, y la verdad es que me cuesta estar de acuerdo en algo con un señor que aún no ha sido capaz de ganar unas elecciones de manera contundente, aunque se sienta un ganador y haya politólogos que sigan insistiendo en que ganó las pasadas elecciones con clara diferencia. Tan clara que le faltaron solo tres o cuatro millones de votos, esto es, cincuenta diputados, para poder gobernar en solitario y llevar a cabo esas reformas de las que viene hablando desde que El Espartero era novillero. El problema es que hay cierta desconfianza entre estos dos líderes de la izquierda: no se fían el uno del otro. Normal, porque son como dos carteristas queriéndose robar la cartera. Entiendo a Sánchez, porque Iglesias es un tío para no fiarse de él ni un pelo. Solo hay que meterse en Internet y ver quince o veinte vídeos para saber los bandazos que ha dado y en lo que se ha convertido desde que comenzó a aparecer en La Sexta como un vendedor de mantas de esos que iban por los pueblos hace décadas. Quiere un trozo del pastel y su partido es solo la cuarta formación más votada. ¿Por qué no le da su apoyo incondicional a Sánchez, si opina que tiene que haber un gobierno progresista y de izquierdas? Porque tampoco se fía de él. Yo no lo haría, desde luego, porque solo hay que repasar su trayectoria para tener claro qué clase de líder político es. Así que este es el plan que tenemos ahora mismo en España, con líderes que no se fían los unos de los otros, los empresarios exigiendo estabilidad desde política desde Ibiza y los votantes haciéndonos la lógica pregunta de qué hacer si hubiera que ir de nuevo a elecciones. ¿Ir a votar o pasar de ellos y que les voten sus criados?


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