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Espejismo

Los expertos aseguran que es la demanda doméstica la que está tirando del crecimiento económico, pero más de una cuarta parte de los españoles están en riesgo de pobreza según la Unión Europea

05 may 2018 / 17:01 h - Actualizado: 05 may 2018 / 20:14 h.
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He estado pensando mucho después de un par de días de compras. Una, que procura con más o menos éxito ir de tiendas solamente cuando lo necesita, cada vez asiste más espantada al espectáculo de las zonas comerciales a cualquier hora de cualquier día de la semana. Una soy yo, y confieso mi incapacidad para comprender ese desvarío de comprar, comprar, comprar, del trasiego de la muchedumbre de un perchero a otro, de las colas interminables en los probadores, de las colas asfixiantes para pagar, como si estuviera llegando el fin del mundo y fuera obligatorio ir a despedirlo con el último modelo de la factoría de Amancio Ortega. Madre de dios, qué estrés. Una cola de una hora para pagar, que yo no haría esa cola como no me fueran a regalar el conjunto completo para ir a la comunión con el misal ilustrado por un monje amanuense incluido.

Y luego me acordé de una tienda de muebles que también visité no hace mucho (no me van a pillar: iba de acompañante) en la que el encargado de los sofás no daba abasto para atender a tanta gente probando sillones reclinables, que decía una ¿esta gente qué hace, que los sillones los cambia para no limpiarles el polvo? En serio: decenas de personas comprando sillones a la vez, un espectáculo que yo no había visto nunca y que me hizo preguntarme pues si todos éstos que llenan los centros comerciales y se endeudan para tener un sillón relax o una tele como la pantalla de un multicine son los que están activando la economía española... esto va a seguir siendo un no parar y dentro de unos años las tiendas serán totalmente impracticables, porque las leyes del crecimiento económico imponen que cada vez se incremente más el consumo.

Está confirmado: la economía española sigue creciendo (un 3,1 por ciento en 2017) según todos los datos de la contabilidad nacional registrados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Sigue creciendo pero cada vez menos (3,4 por ciento en 2015 y 3,3 por ciento en 2016) y sobre todo sigue sin repercutir este crecimiento en los más desfavorecidos. El informe social de la Comisión Europea alerta de que el 27,9 por ciento de la población española está en riesgo de pobreza, mientras que al comienzo de la crisis, en 2008, eran un 23,8 por ciento los españoles en esa situación. Bruselas achaca esta deriva al desempleo, la temporalidad y precariedad laboral y a unas políticas sociales inconsistentes que no aportan soluciones redistributivas de la riqueza.

Dicen también los expertos que es la demanda doméstica la que continúa tirando del crecimiento económico en el corto plazo, lo cual, en román paladino, viene a decir que aquí, en cuanto tenemos cuatro perras, corremos a gastárnoslas alegremente. O sea, la locura de las tiendas. La gente a guantazos por un sillón. O por una prenda, que parece que ha pasado Atila por el Zara. Pero esto tiene una trampa tremenda, y es que nada más que suban un poco los tipos de interés, que de momento siguen por los suelos, se podría producir un nuevo patinazo debido al temerario endeudamiento de familias y empresas. Vamos, que estamos viviendo otro espejismo de prosperidad cuyo desenlace puede ser aún peor que el anterior, porque ahora tenemos vacía la hucha de las pensiones y el Estado está entrampado hasta las cejas.

Yo no lo veo. Por mucho que lo pienso, estoy segurísima de que éste no es el camino. Una cuarta parte del país en la cuerda floja y un Estado sin recursos ni ideas sólo nos conduce a este momentáneo carpe diem del gasto luego existo y mañana ya se verá. Ya se verá quién nos saca del pozo que tenemos por delante.


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