jueves, 19 enero 2017
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, última actualización

Feliz Año Nuevo

19 nov 2016 / 22:23 h - Actualizado: 19 nov 2016 / 19:25 h.

No se preocupen, que no estoy trastornado ni pretendo señalar una de esas celebraciones de Nochevieja que se reparten por todo el calendario a lo largo del mundo. Sé muy bien lo que les digo y lo que les deseo. Feliz año nuevo, año nuevo litúrgico que comenzará el próximo domingo 27 pero que, lo mismo que cuando nos mandamos los tarjetones en Navidad, hay que felicitarse con algo de antelación, para que esos buenos deseos cojan carrerilla desde ya y nos ayuden a todos los que formamos parte de la Iglesia de Sevilla a comenzar con buen pie.

A pesar de todo esto, habrá alguno que otro que me lea y no me comprenda. Una breve explicación. La liturgia católica no se rige solamente por el calendario gregoriano, sino que tiene un discurrir propio y diferente que se inicia siempre con el Adviento. La Iglesia nace, vive, muere, resucita y se aparece al mismo tiempo con Jesús. Durante las cuatro semanas previas a la Navidad, preparamos la venida de Cristo, y una vez que nace, todo discurre en torno a la Resurrección, que es el centro del año de la Iglesia.

Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua (tan sólo separados en el centro por algunas semanas) nos llevan de la mano por un viaje apasionante junto a Cristo, al que vemos actuando en la lectura del Evangelio de cada misa dominical. Así, cada tres años (cada uno de ellos es un ciclo, A, B y C), se completa la lectura de los pasajes más importantes de la Sagrada Escritura y cada vez que termina y empieza un ciclo es cuando la Iglesia se desea un feliz año nuevo.

Por eso yo también se lo he deseado a ustedes. Hoy es el día de Cristo Rey y es el último domingo del tiempo durante el año, o tiempo ordinario. Es una jornada de fiesta, señalada en San Juan de la Palma con el besamanos de la Amargura y con ese ansia pre-navideña que tiene también sus cosas buenas, y no hay que demonizar. Empiezan otros doce meses para vivir la fe, para narrarla, para contarla. Termina el año de la Misericordia, pero aunque no lo diga el Papa, cada uno puede ofrecer su año por una causa especial, que ha de guiarnos y alentarnos positivamente para el bien común.

Es el momento, señores. No vale distraernos ni poner excusas de un poco más tarde o mañana empiezo. Hay que sembrar ya y poner toda la ilusión en la semilla. Aunque no sepamos qué va a brotar. Cuando asoman las primeras hojitas, esa debilidad, esa pequeñez nos habla de la grandeza del Señor. En mi balcón hemos sembrado de esa forma, y poco a poco va creciendo. Sea una rosa o una coliflor, nos servirá de aliento, de impulso a la evangelización de las periferias, a no abandonar el ejercicio de la misericordia ni de la caridad. La semilla que tengas, siémbrala. Aunque vengan los vientos y las lluvias, y parezca pequeñita, cuídala. El Sembrador estará cuidándola. El Sembrador estará velando por ti.


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