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Feminismo de ficción en la era de la postverdad

06 ene 2019 / 07:36 h - Actualizado: 05 ene 2019 / 14:40 h.
  • Feminismo de ficción en la era de la postverdad

Hemos empezado el año con la noticia del primer feminicidio en nuestro país y no se porqué me da la sensación que la narcotización de la que somos víctimas como sociedad moderna, se está haciendo cada vez más viral. Solo los grupos feministas han levantado la voz para exigir medidas que acaben con esta lacra y ya se están organizando para tomar las calles. La clase política sigue en su postura de “esto no va conmigo, pero vamos a disimular y embaucar al electorado con discursos vacíos”. Los medios de comunicación por su parte, ahí andan convirtiendo el feminismo en el espectáculo de la temporada, con titulares sensacionalistas, a merced de los intereses de los poderosos, que nos quieren hacer creer que estamos cambiando algo y ya me dirán ustedes donde están esos cambios. Entre engaños, avances y retrocesos, lavados de cara y estrategias de marketing, se están sentando las bases de la era de la “postverdad”, un término utilizado en los estudios de comunicación y que podríamos aplicar también al movimiento feminista. Dentro del entramado comunicativo, entendiendo a los mass media como vehículos “transformadores” de la verdad, se está consolidando un feminismo de ficción, muy alejado de la esencia ideológica en el que ha crecido históricamente.

No podemos perder de vista que la ciudadanía tiene la obligación de poner en cuarentena todo lo que los medios de comunicación ofrecen, sobre todo si hablamos de feminismo. No podemos tragarnos las informaciones y reproducirlas como dogma de fe porque aparezca en un medio de prestigio. Parte de los discursos que nos ofrecen los medios de comunicación sesgan la realidad con una clara intención, acotar los índices de crítica social y adormecer.

El feminismo de ficción que nos venden los medios, se configura como parte de la cultura del espectáculo, que consumimos sin rechistar. Lo elevan a la majestuosidad propia de los grandes eventos e hitos histórico, con noticias del tema casi a diario. Todos los medios, incluyen el feminismo y las noticias sobre igualdad, en su agenda setting, como una corriente de influencia más. Pero la realidad es otra. Si el feminismo tuviera a día de hoy esa capacidad de penetración e influencia, hasta el punto de cambiar el rumbo de la sociedad, no seguiríamos en este statu quo en el que nos encontramos. El contagio de los sectores más revolucionarios no está llegando y en parte gracias a los muros de contención que está colocando el patriarcado, haciendo uso de la industria mediática. Se protesta lo justo para no molestar demasiado, sacar los pies del plato implica crear conciencia de género, salir a la calle, negarse a la subordinación y sobre todo estar dispuestas y dispuestos a cambiar las bases de una estructura caduca que sólo beneficia a uno pocos.

Evidentemente existen medios de comunicación comprometidos realmente con el feminismo, pero no son la mayoría. Normalmente trabajan desde parcelas poco visibles, por lo que hay que apartar primero toda la basura con la que nos bombardean a diario, para encontrar algo de verdad. Debemos ser conscientes de esta estrategia cada vez más sutil de manipulación mediática, en la que nos hacen creer que se están produciendo cambios sin ser del todo cierto . Si analizamos los hechos, las cifras, las ultimas sentencia judiciales, la aplicación de las leyes en materia de violencia y al mismo tiempo las protestas en la calle y el nivel de enfado colectivo, no hace falta divagar mucho para darnos cuenta que nos están engañando. Flotamos en una especia de nebulosa en la que acomodamos nuestra conciencia y nos dejamos llevar, sin resistencia. Aceptar sin remilgos esa postverdad, que implica claudicar con banalizaciones continuas de los mensajes, apelaciones a creencias anacrónicas y asumir que todo es parte del espectáculo mediático y político. Esa distorsión deliberada de la realidad, manipulando creencias y emociones, influye en la opinión pública y en las actitudes sociales. Usada de forma magistral por el poder, consigue auténticos milagros. Entre ellos, hacernos creer que la igualdad es ya una realidad, que el feminismo es una moda mas y que la justicia hace justicia. Una de las herramienta más usadas es el establishment, donde a través de los mass media, se intenta modificar o crear desde cero una nueva opinión, a través de noticias falsas o poco claras. Con esta práctica se moldea fácilmente conductas, decisiones o incluso se han llegado a iniciar procesos bélicos ¿les suena de algo esto?

Nos encontramos con que los medios de comunicación recurren cada vez más a caras conocidas para escenificar un feminismo edulcorado, atractivo y persuasivo. Mientras, se invisibiliza o silencia el trabajo real en pro de la igualdad de asociaciones y organismos que se mueven desde el anonimato, la precariedad y la escasez de recursos. Que casi todas las presentadoras de las cadenas privadas hayan publicado su libro sobre feminismo en editoriales de prestigio no es casualidad.

Si construimos un feminismo de usar y tirar, tirando de amarillismo y espectacularización, no es de sorprender que la final pese más el ruido, que los resultados de nuestras acciones. El activismo debe ejecutarse desde la conciencia plena de que como sociedad necesitamos salir del pensamiento opresor. Y en esta dualidad víctima/opresor, mantenerse en un rol pasivo, sabiendo quién oprime y cómo podemos salir de ahí, sinceramente lo veo suicida. Dejarse engañar puede resultar cómodo, pero la ignorancia y la desidia conducen tarde o temprano a la frustración. Es fácil caer en el dejarse llevar y convertirnos en colaboracionistas del patriarcado de forma inconsciente, ayudando a reproducir sistemas de poder injustos. Algo que a estas alturas no podemos permitirnos, si queremos disfrutar de la autentica libertad y alejarnos de la manipulación. El feminismo va mucho más allá de querer apoderarse de eso hilos invisibles, nosotras nos creemos en títeres ni titiriteros, sino en sociedades conscientes y respetuosas que sepan gestionarse desde la igualdad y la independencia.

@Pepavioleta


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